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martes, 26 de mayo de 2015

NAPOLEÓN EN MADRID

A comienzos de noviembre de 1808 empiezan a transitar por la villa de Madrid numerosas tropas españolas que se encaminan hacia los diferentes destinos que se han fijado para emprender las acciones militares contra las tropas francesas de José I. Los soldados españoles llegan mal equipados y se les suministran mantas, camisas y calzado, utilizando parte de los uniformes que se están creando para el 2º regimiento de los Voluntarios de Madrid
 
 Botones de tropa y oficial del 1º y 2º regimientos de Voluntarios de Madrid. Botón de tropa del 1º de Caballería de Madrid

La Junta Suprema Central ha ideado un plan quimérico para echar a los franceses de España, pretenden hacer a gran escala los movimientos que llevaron a la victoria de Bailén. Pero las tropas francesas del hermano de Napoleón se han ido reforzando desde su retirada de Madrid, en julio, con hombres llegados desde Francia, aprovechando el parón de los españoles tras Bailén. El emperador francés en persona toma el mando de las operaciones y entra en España con la Grande Armée. Las victorias francesas se suceden en Espinosa de los Monteros y Gamonal, permitiendo la ocupación de Burgos. Las malas noticias llegan a Madrid y el 14 se ordenan fortificar los puertos de Somosierra y Guadarrama con la pretensión de impedir la llegada de Napoleón a Madrid. Al día siguiente, por la mañana temprano, según se van equipando las tropas, empiezan a salir de Madrid camino de Guadarrama, Fuenfría y Somosierra. El primer contingente, que se encamina hacia Somosierra, va con el general don Benito San Juan al mando. En los días sucesivos marchan el resto de tropas que se encuentran en la capital para componer el dispositivo preparado por San Juan aprovechando las condiciones naturales del puerto de Somosierra. Mientras, la población de Madrid emplea el tiempo en rogativas públicas por los ejércitos españoles, sucediéndose las procesiones los días 19, 20 y 21 de noviembre. Sin embargo la débil defensa de Somosierra no es suficiente para impedir el avance francés, y el día 30 Napoleón derrota al ejército de don Benito San Juan. El emperador duerme ya esa noche en Buitrago de Lozoya. El día 1 de diciembre la noticia de la derrota de Somosierra recorre Madrid. El pueblo madrileño se une para realizar trabajos de defensa y solicitar armas. Se crea una Junta, con su sede en la Casa de Correos, encabezada por Infantado. Se cavan trincheras, empalizadas y se fortifican las puertas de la villa. La débil cerca que rodea la población es reforzada. Se crean pequeños almacenes en los lugares de trabajo para agilizar éstos, y se acelera la producción de pan para que no haya escasez del producto.

Entre tanta actividad surge el drama. Al repartir los cartuchos se detecta que la mayoría contienen tierra en vez de pólvora. El rumor de traición pronto surge y la sospechas caen sobre el marqués de Perales, encargado por la Junta para suministrar las armas. La muchedumbre se encamina a la calle de la Magdalena, donde está su casa, y asesinan al marqués arrastrando su cadáver por las calles de Madrid
 
 Arco de Triunfo de París. Aparece la toma de Madrid
 
 La Junta Central deja Aranjuez para encaminarse hasta Talavera de la Reina, con vistas a una retirada hacia Sevilla. En Madrid hay unos 4.000 soldados regulares, el resto de la fuerza de defensa está compuesta por los vecinos de la villa. Las escasas piezas de artillería que hay son instaladas en las baterías que se construyen en las puertas de San Vicente, de Segovia, puerta de la Vega, Fuencarral, San Bernardino, de los Pozos de la Nieve, Alcalá, Recoletos y Atocha. A última hora de la noche el Cuartel General del Emperador está en San Agustín y el mariscal Bessières, con su caballería, se posiciona en las alturas de Madrid. A lo largo de la noche va llegando la infantería. La mañana del día 2 amanece con una niebla intensa que empieza a levantarse sobre las 10 de la mañana, entonces Bessières ordenar a su caballería acercarse a la población y tantear las defensas, son rechazadas por la artillería española. Según avanza la mañana el día se aclara y sube la temperatura, tanto que los franceses opinan que hace tan bueno como los días de mayo en Francia. Bessières manda a uno de sus ayudantes para pedir la rendición, pero los ánimos están exaltados entre los madrileños y si no es por la protección de tropas regulares españolas hubiera sido asesinado el emisario por el pueblo. Es tal la audacia de los defensores que piden que venga el propio mariscal a la ciudad con los ojos vendados. El duque de Castellar y los generales Tomás Morla y De la Vega se las ven para poder imponer orden y serenidad, el pueblo madrileño quiere emular la defensa de Zaragoza y no son conscientes del peligro que se les avecina. Napoleón llega al mediodía y observa Madrid desde las alturas cercanas a Chamartín, sus hombres ante su presencia estallan en aplausos, es el aniversario de la coronación del emperador y el entusiasmo rodea a la Grande Armée. Unos soldados del regimiento español de las Guardias Walonas desertan y se presentan ante el campamento francés, comunicando que la población madrileña no tiene intención de rendirse y que la influencia en las decisiones que se están tomando vienen supeditadas por el populacho.  Durante la tarde Napoleón reconoce las defensas y prepara el plan de ataque a la ciudad. No quiere que su hermano entre en una ciudad en ruinas, por lo que tiene que emplear su ingenio para tomar la ciudad con los menos daños posibles. La noche llega y la luz lunar permite comenzar los ataques. Por el lado de Fuencarral y Conde Duque la infantería imperial intenta romper la defensa, llegan a tomar el cementerio nuevo situado junto a la puerta de Fuencarral, pero las baterías españolas los desalojan. El ataque se interrumpe y durante la noche Napoleón posiciona a sus tropas entre la Casa de Campo y el Manzanares para evitar que entre ayuda por esta parte a la ciudad. Ha decidido realizar el ataque principal por la puerta de Recoletos, la de Alcalá y el Retiro. La artillería francesa está preparada para cuando amanezca barrer las defensas madrileñas. Antes de dar la orden de ataque, el emperador francés vuelve a intentar la rendición y ordena a su lugarteniente Berthier que mande a un oficial de artillería español, capturado en Somosierra, con la propuesta de la rendición de la ciudad. A las nueve de la mañana el parlamentario regresa con la negativa de la Junta de Defensa. Inmediatamente Napoleón ordena el fuego de las treinta piezas de artillería que rompen la defensa de la puerta de Recoletos y producen una inmensa abertura en el muro que rodea el Retiro; los Voltigeurs de la división francesa de Villatte entran por ella y hacen huir a los defensores tomando en menos de una hora el palacio del Retiro, el observatorio y la fábrica de porcelana. A su vez un ataque de distracción se estaba produciendo por la zona de Conde Duque, atrayendo hacia esa parte a una gran cantidad de defensores madrileños. La toma del Retiro proporciona a los franceses una buena ventaja y la aprovechan instalando una gran batería que amenaza con barrer la ciudad. Por la zona del paseo del Prado ya hay tropas francesas, la defensa se hace imposible. Ante la evidencia, las tropas regulares que han participado en la lucha contra los franceses empiezan a abandonar la ciudad, lo que provoca la furia del pueblo que las amenazan. A las once de la mañana Napoleón vuelve a intentar la rendición de la ciudad y manda un mensaje a la Junta de Defensa ordenando inmediatamente el alto el fuego. Los miembros de la Junta están a favor, y a pesar de la oposición de una parte de los vecinos que quieren continuar con la lucha, la sensatez se impone y se acepta la proposición francesa. A las cinco de la tarde el general Morla, un miembro de la Junta y don Bernardo Iriarte se dirigen a la tienda del lugarteniente de Napoleón, Berthier; éste los acompaña ante la presencia del emperador. Sin dejarles hablar les recrimina el trato que han dado a los soldados franceses hechos prisioneros en Bailén. Al general Morla, Capitán General de Andalucía, no le consiente que le hable de capitulación cuando ha roto la que se pactó en Bailén. Les da de tiempo hasta las seis de la mañana del día siguiente para que consigan apaciguar al pueblo de Madrid y que se depongan las armas, en caso contrario ordenará la destrucción de la ciudad. A las 6 en punto se presentan Morla y Fernando de la Vega, gobernador de la ciudad, con la rendición. A las 10 de la mañana el general Belliard toma el mando de la ciudad y todos los puestos son entregados a los franceses, publicándose el perdón general. Durante todo éste tiempo el rey José I ha estado en un segundo plano, ninguneado por su hermano.

Tras la rendición sucede un hecho curioso: Napoleón acompañado de Berthier entra en el Retiro para visitar la alabada estatua ecuestre de Felipe IV. Se dirigen directamente hacia un grupo de soldados de las Guardias Walonas y les preguntan por la localización de la estatua. Los soldados amenazan con dispararles, pero uno de ellos, antiguo soldado de las tropas imperiales que fue herido y hecho prisionero en Valencia y se ha pasado al servicio del ejército español, los reconoce. Baja las armas de sus compañeros y les dice de quiénes se trata, persuadiéndoles de que desde que Napoleón se encuentra en el Retiro, todos tienen que ser considerados prisioneros (anécdota narrada por el general Hugo en sus memorias) 
 
Estatua de Felipe IV, actualmente en la Plaza de Oriente. Según las memorias del general Hugo, Napoleón y Berthier entraron al Retiro para contemplarla
El emperador francés rechaza hospedarse en Madrid y se aloja en el Palacio Nuevo de Chamartín, propiedad de Infantado (actualmente es el colegio del Sagrado Corazón)
 
Colegio del Sagrado Corazón, en Chamartín. Lugar donde se encontraba el palacio nuevo de los duques de Infantado-Pastrana
Es época de frío y se colocan braseros en el centro de las habitaciones para, junto al fuego de las chimeneas, calentar el palacio. Una de las primeras disposiciones que hace es la de recoger todas las banderas que hay en las iglesias y que sean guardadas en los almacenes militares del Retiro, excepto la que se ha empleado en la proclamación de Fernando VII que la quiere en Chamartín
 
Carta de Berthier desde Chamartín, transmitiendo las órdenes de Napoleón para el traslado de los prisioneros de Madrid a Francia
 
Ordena la fortificación de la fábrica de porcelana “La China” junto con el edificio del observatorio. La antigua fábrica se dividirá en cuadro dependencias: una como hospital, otra para la artillería, otra como salón y la última de almacén. Quiere que los heridos sean llevados ya al Retiro. También manda que a éste lugar se traslade toda la artillería, excepto seis piezas que se colocaran cerca del Palacio Real y que estarán bajo la supervisión de la Guardia de su hermano. Toda la caballería se alojará en establos, conventos y casas abandonadas por los emigrados. Por último no quiere ningún vivac por las calles de Madrid, quiere mostrar inmediatamente signos de normalidad y alejar la sensación de amenaza militar a los vecinos. A su hermano, el rey de España, no lo quiere cerca y lo manda que se aloje en el Palacio del Pardo. Una vez establecido su Cuartel General y mandadas las primeras disposiciones para mantener el orden en Madrid, se dedica a firmar una serie de decretos donde elimina las aduanas interiores, suprime el Consejo de Castilla, da por abolido el feudalismo y reduce el número de conventos. Con ello elimina el antiguo régimen. Éstas disposiciones no son del agrado de su hermano José que le comunica su renuncia a la corona de España, Napoleón ni se digna en contestarle ignorando la pretensión de su hermano mayor.
 
El día 9 pasa revista en el Prado a los cuerpos del mariscal Lefevre que han llegado a Madrid el día anterior. Éste mismo día recibe a una Diputación encabezada por el Corregidor de Madrid para agradecerle el respeto que ha tenido con la ciudad y presentar fidelidad a José I. El 10 para revista a las tropas de la Confederación del Rin, y al día siguiente acude al Retiro para supervisar los trabajos de fortificación;  como las obras no avanzan como él desea ordena a Berthier que haga todas las gestiones necesarias para que se aceleren. El día 12 para revista a los cuerpos de caballería y el 13 se traslada más allá del puente de Segovia para volver a pasar revista a todas las fuerzas del mariscal Lefevre


En sus visitas a Madrid únicamente entra una vez en el Palacio Real, tras hacer un rápido recorrido lo que más le llama la atención es un retrato del rey Felipe II. En los días que lleva en la capital observa como la población ve con indiferencia el acantonamiento de las tropas francesas, para llamar la atención y demostrar su fuerza celebra el día 19 una gran parada entre la puerta de Recoletos y Chamartín donde participan sesenta mil hombres, ciento cincuenta piezas de artillería, la totalidad de la Guardia Imperial y los vagones de intendencia. El espectáculo es majestuoso y así lo hace publicitar en la Gaceta del Ejército. Pero antes de finalizar la parada militar, Napoleón la suspende; durante el transcurso de la misma le llegan varios despachos confirmando la presencia de tropas inglesas en el Valle del Duero. Inmediatamente se traslada a su despacho y comienza a tomar las disposiciones para abandonar Madrid y salir en persecución del ejército británico de Moore. El emperador francés deja Chamartín el 22 de diciembre al mediodía, camino del puerto de Guadarrama.

Otros artículos relacionados:
Batalla de Somosierra:  http://1808-1814escenarios.blogspot.com.es/2008/11/batalla-de-somosierra-30-de-noviembre_4403.html

Texto: Extracto del artículo publicado en el número 53 de la revista Madrid Histórico "Madrid en la guerra de la Independencia (I)"
 
http://www.edicioneslalibreria.es/tienda/index.php?controller=category&id_category=96

Fotografías: Miguel Ángel García García.

lunes, 11 de mayo de 2015

CAMPAMENTO NAPOLEÓNICO EN LAREDO (MAYO 2015)

El pasado fin de semana tuvo lugar en Laredo (Cantabria) una recreación de la toma del fuerte del Rastrillar, acaecida en 1814 y que propició la liberación de la villa. Uno de los actos preparados era la visita al campamento napoleónico. La mañana amaneció cubierta y poco antes de la apertura del recinto, llovió con ganas. A pesar del mal tiempo, que al ir transcurriendo la mañana se fueron abriendo grandes claros para dejar una tarde espléndida, la afluencia de gente fue asombrosa. Al público no le importaba esperar en una larga cola a que llegara su turno y entrar en  grupo para recorrer el campamento de mano de un guía.
Llevo muchos años acudiendo a recreaciones como espectador, ahora me ha dado por probar de recreador, y en éste tiempo no había visto nada parecido en cuanto a valor didáctico e instructivo para el público en general. Me llevé una gran sorpresa.
Como vivía un soldado de la época, que comía y como se preparaba el rancho en un campamento, su equipo de combate, como se dispara y de que piezas consta un cañón, los uniformes, utensilios médicos y los problemas a los que se enfrentaba un cirujano de principios del XIX, como se luchaba con sable, el entretenimiento de las tropas… Todas estas cuestiones se explicaban y mostraban durante el recorrido.
Si luego ésta gente acudió por la tarde o el domingo por la mañana a las recreaciones sin duda tenía una base para poder comprender lo que estaban viendo.
Mis felicitaciones a la Asociación de Recreación Histórico Cultural de Asturias (ARHCA) por la organización de dicho campamento
 
















 
 

lunes, 4 de mayo de 2015

ENCUENTRO ENTRE NAPOLEÓN Y SU HERMANO JOSÉ I EN VITORIA (5 DE NOVIEMBRE DE 1808)

Esta lámina esbozada por Benjamín Zis y dibujada por Constant Bourgeois representa el recibimiento en el palacio de Montehermoso (Vitoria) por parte de José I a su hermano Napoleón Bonaparte a su llegada a Vitoria el 5 de noviembre de 1808
 


La lámina se vendió el pasado 12 de abril por un importe de 3.500,00 euros en la subasta celebrada por Osenat "L'Empire à Fontainebleau"


Artículo relacionado: http://1808-1814escenarios.blogspot.com.es/2011/10/primeras-disposiciones-de-napoleon-su.html