Carta de un soldado francés en la que se hace referencia a la voladura del castillo de Burgos en 1813 y del saqueo posterior que hicieron los franceses antes de abandonar la ciudad (perteneciente a mi colección). Adjunto fotografías tomadas ayer por la tarde de los trabajos que se están realizando actualmente en el castillo:
Vitoria, 15 de junio de 1813
Llego, mi querida amiga, después de cuatro días de vivac y fatigas, pero con buena salud. Esta ciudad está tan llena de gente de toda clase que no nos ha deparado una suerte mejor que la de los días precedentes, de modo que tanto nosotros como nuestros caballos dormimos al raso, bajo las estrellas. Mañana casi toda la legión parte para Bayona sirviendo de escolta al famoso Renovales, general de los insurgentes españoles. Esta partida, sin duda, nos permitirá alojarnos en Vitoria con mi coronel y los hombres que no están en condiciones de continuar la marcha.
Ignoramos nuestro destino futuro. Aquí se espera al Rey, al que ya ha precedido una parte de su corte. Como los ejércitos que estaban en vanguardia han iniciado su retirada y, por consiguiente, van a ocupar el territorio en el que estábamos nosotros, hay motivos para pensar que nos dirigirán hacia el Ejército del Norte, del cual formamos parte y que está acantonado en Navarra. Ya sabes que Pamplona es su capital.
Antes de abandonar Burgos, se tuvo el cuidado de hacer volar el fuerte, que había sido minado previamente. Esta medida extrema le ha costado a Francia más de un hombre valiente. Excesivamente confiados en las medidas tomadas por la artillería y los ingenieros, multitud de militares vagaban por la ciudad en el momento de la explosión. Esta produjo una detonación espantosa y arrojó un granizo de esquirlas de bombas y obuses por todos los barrios. Esta desgracia no alcanzó en absoluto a los españoles, ya que todavía estaban en la cama. Se calculan nuestras bajas en más de 150 muertos o heridos.
Por lo demás, la ciudad no ha sido respetada; nuestros "cuidadosos" hermanos de armas han rogado a varios habitantes que se desprendieran, en su favor, de los pequeños objetos que pudieran serles de utilidad.
Ya no veo y te aseguro que estoy un poco más fatigado de lo habitual, así que termino aquí. Te abrazo y soy todo tuyo, sin reservas.
Tu amigo afectuoso,

