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viernes, 5 de febrero de 2016
DESTRUCCIÓN DEL PUENTE DE LOS FRANCESES DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA - RÍO ÁGUEDA
Artículo cedido por Miguel Ángel Largo Martín y que ha sido publicado en el libro del Carnaval del Toro 2016 (Ciudad Rodrigo)
Destrucción del Puente de los Franceses durantela Guerra de la Independencia |
Durante
la Guerra de la Independencia española, el río Águeda únicamente era atravesado
por cuatro puentes: el primero el de Navasfrías, el segundo el de El Villar, el
tercero el de Ciudad Rodrigo y el cuarto el de Barba del Puerco; ubicado este
último entre las localidades de San Felices de los Gallegos y Barba del Puerco;
llamada ésta desde 1909 Puerto Seguro. La mayor parte de los escritos fechados
en la época de la Guerra de la Independencia, lo llaman Puente de Barba del
Puerco, y los menos, Puente de San Felices. Precisamente en el resto de este
artículo nos referiremos a este paso sobre el río Águeda como Puente de Barba
del Puerco, para mantener la nomenclatura de la mayoría de los documentos
comprendidos entre 1808 y 1814. Pero desde después de la finalización de la
Guerra de la Independencia, los lugareños se refieren a él, como Puente de los
Franceses, ya que durante gran parte de esta guerra fueron precisamente las
tropas napoleónicas quienes ostentaron su dominio.
En
gran parte del curso de la guerra, este Puente de Barba del Puerco fue la llave
para pasar de una orilla a otra en el curso bajo del Águeda, donde debido al
encajonamiento del río era casi imposible de vadear, lo que hizo que hubiese en
ese punto numerosos escarceos entre los ejércitos beligerantes. Los primeros
combates datan de abril de 1809, cuando el británico Sir Robert Wilson, al
mando de la Loyal Lusitanian Legion,
no pudo impedir, desde las colinas de la orilla izquierda, que un grupo de 500
franceses atravesasen uno a uno el puente desde la orilla oriental; después los napoleónicos comenzaron a ascender
las colinas donde estaban situadas las huestes de Wilson, y éstos tuvieron que
abandonar su posición. Durante marzo de 1810 hubo varios enfrentamientos entre
los franceses ubicados en San Felices y las tropas de la División Ligera
británica situadas en la orilla occidental. Los franceses en ese mes
atravesaron varias veces el puente, llegando incluso hasta la localidad de
Barba del Puerco, y las tropas británicas, al mando del general Crawfurd,
tuvieron que emplearse a fondo para hacer retroceder al enemigo a la orilla
derecha. Sin duda, los acontecimientos más famosos sobre el Puente de Barba del
Puerco son los de mayo de 1811, cuando la guarnición francesa de Almeida,
después de explosionar las murallas de la plaza, la abandonó por la noche y
utilizó este puente para pasar a la orilla derecha, sin apenas tener oposición
de las tropas británicas que había en la zona.
Posteriormente
a los acontecimientos de mayo de 1811, existe la creencia popular de que los
franceses se parapetaron en San Felices estableciendo una línea defensiva en el
río Águeda, y que para evitar la inferioridad de condiciones respecto a las
tropas aliadas que estaban situadas en la orilla occidental, cortaron un ojo
del Puente de Barba del Puerco para impedir que el Ejército anglo-luso de
Wellington, pudiera atacar por sorpresa a las tropas francesas situadas en San
Felices[1].
Pero, ¿realmente fueron los franceses quienes cortaron el Puente de Barba del Puerco,
como señala el convencimiento del vulgo?
Después
de la toma de Ciudad Rodrigo en enero de 1812, Wellington centró su objetivo en
arrebatar también a los franceses Badajoz. El 24 de febrero de 1812, el Lord envió
un memorándum al Capitán General Castaños, al mando éste del 5.º y 6º Ejércitos,
ubicados el primero en Extremadura y sur de Castilla La Vieja, y el segundo en
los accesos a Galicia. En este memorándum el Duque de Ciudad Rodrigo relata al
héroe de Bailén, que el Ejército británico va a desplazarse hacia el Alentejo
con el propósito de atacar Badajoz, así como los planes que los franceses podrían
adoptar y las acciones necesarias para contrarrestar el avance enemigo. En el
primer supuesto, que es la más probable según Wellington, éste señala que todas
las tropas imperiales, o una parte de ellas, podrían abandonar Castilla y León,
y desplazarse hacia Extremadura. La segunda hipótesis planteada es que los
enemigos dejaran el Ejército del Sur y tres divisiones del Armée de Portugal, presentes en el Tajo, y la caballería, para
oponerse al Ejército Aliado luso-británico, en Extremadura, mientras el resto
de las tropas francesas atacarían Galicia. La tercera conjetura contempla que
los imperiales atacasen la frontera portuguesa por el norte del Duero. Mientras
la cuarta suposición que hace Wellington a Castaños es que los napoleónicos
podrían cruzar el Águeda por los vados aguas abajo de Ciudad Rodrigo, cortar
las comunicaciones entre Almeida y Ciudad Rodrigo; e incluso llegar al Côa, y anular
la comunicación entre esas plazas y el interior del país.
Para
cada uno de estos supuestos, Wellington transmite a Castaños una respuesta
aliada con el fin de anular el avance de las tropas napoleónicas; en estas
respuestas el británico dispone cómo deben cooperar las tropas españolas y
portuguesas, así como las guerrillas de ambos países. En el caso de que los
franceses decidiesen adoptar el cuarto plan supuesto, el Lord propone que el
portugués general Bacellar reúna sobra el Côa todas la milicias de las
provincias del norte de Portugal, y se comunique con el resto de la división de
Carlos de España que no se halle en el interior de Ciudad Rodrigo, para
proteger los almacenes situados en el Duero y el Mondego, y forzar al enemigo a
ir a la Beira Baja si éste persistiese en entrar sobre Portugal. Prosigue
Wellington en este cuarto plan sobre cómo podría avanzar el 6.º Ejército
español hacia el Duero y el Tormes, y finaliza apuntándole a Castaños que: «Si el enemigo adoptase
este plan, que supongo en cuarta instancia, Don Carlos, debería por supuesto
destruir los puentes sobre el Yeltes y Huelva[Huebra]. Me parece que sería
igualmente deseable destruir el de Barba del Puerco; y en particular, si el
tiempo fuese malo, los tres puentes de Castillejos»[2].
Pocos
días después, concretamente el día 28, Wellington envía al general portugués
Bacellar un despacho[3]
parecido al mandado a Castaños. Bacellar era el Comandante de las Milicias
portuguesas en Beira, Tras-os Montes y Douro, y en este despacho el Lord no le
indica nada sobre las destrucción de los puentes sobre el Yeltes, Huebra, el de
Barba del Puerco y los de Castillejos, pero le incide en que tenga comunicación
constante con Carlos de España.
Ya
el 4 de marzo, el Jefe de Estado Mayor del 5.º y 6º Ejércitos españoles, general
Pedro Agustín Girón, traslada al general Carlos de España las órdenes que
recibió Castaños de Wellington en el memorándum fechado el 24 de febrero.
Carlos de España era Comandante de la 3.ª División del 5.º Ejército y de la
provincia de Castilla La Vieja. El Jefe de Estado Mayor transmite a Carlos de
España los cuatro supuestos de cómo puede reaccionar el enemigo al sitiar Badajoz
el Duque de Ciudad Rodrigo, así como las acciones que debe llevar a cabo para
cada uno de estos supuestos. En el cuarto supuesto, el Jefe de Estado Mayor
después de ordenar a Carlos de España que tenga comunicación con Bacellar para cubrir
los almacenes situados sobre el Duero y el Mondego, añade: «Este supuesto el Sr. Gral.
España deberá en este caso destruir los puentes sobre el Yeltes y el Huebra, y
si el tiempo por estar metido en aguas, lo hiciese creer ventajoso el de Barba
del Puerco y los tres de Castillejos»[4].
Prosigue Girón que en esta cuarta hipótesis las operaciones tendrían por objeto
principal para el general España, el proteger del mejor modo posible la plaza
de Ciudad Rodrigo, ya inquietando las comunicaciones del enemigo, ya llamando
su atención por diferentes puntos. Igualmente le da instrucciones para el caso
de que Ciudad Rodrigo sea bloqueada por los franceses, así como ordena a Carlos
de España que requiera a los comandantes de escuadrones francos y guerrillas
para que le auxilien en el modo que tuviese conveniente indicarles. El Jefe de
Estado Mayor, finaliza este despacho señalando que el General en Jefe,
Castaños, le encarga a Carlos de España que vigile de cerca el abastecimiento
de la Plaza de Ciudad Rodrigo y la más pronta rehabilitación de sus defensas,
como objeto de primer interés.
A
mediados de marzo, Wellington ya estaba en las cercanías de Badajoz a punto de
sitiarla. Desde un mes antes, el Duque de Ciudad Rodrigo, para no llamar la
atención del enemigo, había estado enviando poco a poco por el interior de
Portugal sus tropas desde las tierras comprendidas entre el Águeda y el Côa a tierras
pacenses.
Mientras
tanto, el Mariscal Marmont, con el grueso de su ejército acantonado en las
cercanías de la capital charra, recibía órdenes de Napoleón. La pretensión del
Mariscal era
avanzar con su Armée de Portugal
hacia Badajoz, pero el Emperador le encomendó hostigar Almeida y Ciudad
Rodrigo, así como las tierras del Côa. Y así, a últimos de marzo, con Badajoz
ya sitiada por Wellington, Marmont avanzó desde Salamanca con 25.000 hombres y
sin artillería, plantándose delante de Ciudad Rodrigo. Requirió la rendición de
la plaza, que obviamente le fue denegada, se dedicó a tirar algunos morteros
dentro de la ciudad y prosiguió su camino hacia Portugal, después de dejar un
cuerpo de observación delante de la plaza mirobrigense y enviando otro a
Almeida con la misma pretensión[5].
El
general Carlos de España, que se había quedado en Ciudad Rodrigo y sus
proximidades guardando la plaza, remitió el 8 de abril desde Puente del Côa un
despacho a sus superiores del 5.º Ejército español. El general España inicia su
despacho diciendo que los enemigos con tres divisiones de infantería y un
cuerpo de caballería habían comenzado el 31 de marzo el bloqueo de Ciudad
Rodrigo, el cual quedó exactamente formado el primero de abril, día en que
llegó el Mariscal Marmont delante de dicha plaza. Prosigue relatando que el mismo
1 de abril, una división de infantería y un cuerpo de caballería se adelantó a
Carpio; el día 2 a Gallegos y Espeja; el día 3 a Aldea del Obispo y Val de la
Mula, y el 4 hasta las inmediaciones de Almeida, habiendo practicado en esta
última jornada varios reconocimientos, acercándose por la noche al camino
cubierto, provocando el consiguiente fuego. El despacho continúa señalando que la
mencionada división enemiga permaneció cerca de Almeida hasta la mañana del día
7, momento en el cual se dirigió hacia Ciudad Rodrigo. Carlos de España añade que:
«Por
los referidos movimientos de los enemigos tube que dejar mi posición de Aldea
del Obispo y Barba de Puerco y pasando el Coa hé enviado los Cuerpos de
Infantería a Villanova de Foz Cóa conforme a los deseos del Sr. Gral. Tránt que
recelaba que los enemigos intentasen pasar dicho río por los vados de Almendra
que no cubren las tropas de su división»[6]. El general España finaliza
el despacho relatando que al Brigadier don Julián Sánchez le ha mandado que
moleste a los enemigos en sus comunicaciones con Salamanca y demás puestos del
Tormes.
Por
tanto, Marmont respondió al asedio de Badajoz con el cuarto plan supuesto por
Wellington. La reacción de las tropas de Carlos de España fue en parte la
ordenada por Wellington a través de Castaños, ya que aunque en el despacho del
8 de abril del general España, éste comenta que ha estado en Aldea del Obispo y
Barba del Puerco, pero no menciona nada sobre que antes de retirarse de la zona
hacia el Côa hubiese destruido el Puente de Barba del Puerco, ni ninguno de los
otros que se le ordenaba inutilizar en el despacho que le remitieron el 4 de
marzo desde el Estado Mayor del 5.º Ejército español. La toma de posición de
los portugueses y españoles para proteger los almacenes situados en el Duero y
el Mondego, no dejaron a Marmont otra solución que avanzar por la Beira Baja,
como preveía Wellington, llegando los imperiales hasta Castello Branco.
Una
vez tomada Badajoz el 6 de abril, el Duque de Ciudad Rodrigo tuvo conocimiento
de que Marmont y su Armée de Portugal
estaban en tierras portuguesas, que Ciudad Rodrigo sólo tenía provisiones para
tres semanas y que los imperiales podían sitiarla en cualquier momento. Hasta
entonces la intención del Lord había sido avanzar hacia Sevilla en busca de las
tropas del Mariscal Soult, pero las noticias sobre Ciudad Rodrigo le hicieron
cambiar de opinión y se dirigió a Miróbriga nuevamente por el interior de
Portugal. Con su pequeño ejército, Marmont no podía esperar llegar a Lisboa, y
el problema del abastecimiento se iba incrementando con el procedimiento de la
milicia portuguesa de quemar los depósitos de provisiones, aparte de acosar al
enemigo cuando podían. El día 20 la vanguardia aliada se encontraba en
Penamacor y Pedrógão, mientras la retaguardia francesa estaba abandonando
Sabugal y su vanguardia ya se hallaba en España, atravesando el Águeda por el
Puente del Villar y los vados cercanos a éste, ya que unas fuertes lluvias caídas
los días previos habían inutilizado un puente que los franceses habían
construido inmediatamente por encima de Ciudad Rodrigo, a la altura del
Monasterio de La Caridad. Aunque el Ejército anglo-luso pisó los talones a la
retaguardia de Marmont, ésta pudo completar el día 23 su retirada por el puente
móvil ubicado en La Caridad, ya que in-extremis lo consiguieron restablecer.
Lord
Wellington dispuso su Cuartel General el día 25 en Fuenteguinaldo, y es en este
momento cuando conocemos lo que ocurrió con el Puente de Barba del Puerco. La
clave nos la da el teniente coronel británico Burgoyne, perteneciente al Real
Cuerpo de Ingenieros y asignado al Cuartel General del Lord. Burgoyne indica en
su diario que ese mismo día 25 de abril, don Carlos de España visitó a
Wellington en Guinaldo y a renglón seguido añade: «Marmont, en su última
excursión a Portugal, intentó pasar el puente sobre el Águeda, en San Felices,
pero un Ingeniero portugués de Almeida, después de haberlo minado, lo voló y lo
destruyó, cuando el enemigo descendía por la colina. Exploraron Ciudad Rodrigo,
pero no intentaron nada en contra. En la plaza, al menos había provisiones para
doce días. El enemigo instaló un puente sobre el Águeda, cerca del convento de
Caridad, a unas dos millas por debajo de Rodrigo. Pasaron una gran cantidad de
escaleras en carros, y exploraron Almeida muy de cerca, sobre todo la parte que
habían destruido un año antes; pero los preparativos de la guarnición, la gente
situada en las murallas, y la plaza bien provista de artillería, que estaba
dispuesta en todo momento contra el reconocimiento, impidió su intento contra
la plaza. El gobernador (Coronel Le Mesurier) hizo varias incursiones sobre sus
tiradores avanzados. El enemigo dejó veinticinco hombres muertos. La guarnición
constaba de 3.000 milicianos. Como consecuencia de su espíritu en esta ocasión,
Wellington parece tener mucha confianza en los portugueses de esta parte del
país»[7].
Del
diario de Burgoyne y del despacho del 8 de abril de Carlos de España, podemos
determinar que el avance de las tropas de Marmont tenía dos columnas, una hacia
Ciudad Rodrigo y la otra hacia Almeida, siguiendo esta última el camino por San
Felices de los Gallegos y el Puente de Barba del Puerco. Al avistar las tropas
aliadas situadas en Barba del Puerco una columna francesa que se acercaba por
San Felices, procedieron a minar el puente, y explosionaron las minas cuando
los imperiales empezaron a bajar la ladera que les llevaba al paso sobre el
Águeda. Marmont parece que estaba al frente de la columna que se dirigía hacia
el Puente de Barca del Puerco, y al no poder atravesarlo tuvo que encaminarse a
cruzar el Águeda por el puente móvil que la columna que se dirigió hacia Ciudad
Rodrigo había situado en las cercanías de La Caridad. De ahí que el Mariscal
llegase a Ciudad Rodrigo el día 1 de abril, como señalaba Carlos de España en
su despacho, y no el día previo como lo hicieron las primeras divisiones
imperiales. La voladura del Puente de Barca del Puerco debió de tener lugar
entre el 28 y el 31 de marzo, ya que el día 27 aún Marmont estaba en Salamanca[8] y
el 1 de abril es cuando ya aparece delante de Miróbriga.
Burgoyne
dejó escrito en su diario que la destrucción del puente la realizó un Ingeniero
portugués, pero ¿quién dio a este Ingeniero portugués las órdenes para minar y
explosionar el Puente de Barba del Puerco? ¿Le dio las órdenes Carlos de
España, el cual tenía puestos en Barba del Puerco? ¿O fue el gobernador de
Almeida, el británico Le Mesurier? ¿O se lo pidió Carlos de España a Le Mesieur
porque la división del español no tenía Ingenieros o habían quedado éstos en el
interior de Ciudad Rodrigo? ¿Por qué Carlos de España no mencionó nada sobre el
puente en su despacho del día 8 de abril, cuando ya había sido destruido? Lamentablemente
no podemos reconstruir la cadena de mando al completo, ya que no se han
encontrado más documentos al respecto; tan sólo podemos asegurar que Wellington
fue el que puso en el punto de mira al Puente de Barca del Puerco en el caso de
que los franceses avanzasen sobre Almeida y Ciudad Rodrigo, que estas órdenes de
destrucción del puente llegaron a Carlos de España, y que finalmente un
Ingeniero portugués de la plaza de Almeida fue quien minó y voló este paso
sobre el Águeda cuando las tropas francesas se disponían a cruzarlo para
marchar sobre Almeida.
De
los tres ojos de los que consta el Puente de Barba del Puerco, en marzo de 1812
fue volado el de poniente, el de la orilla de Barba del Puerco, actual Puerto
Seguro. Después de la Guerra de la Independencia, la parte volada se cubrió con
un pasadizo de maderas con vigas y tablas, pero no fue hasta 1844 cuando este arco
se reconstruyó en cantería. Se da la paradoja de que el arco central también
fue volado por los portugueses en el año 1646, durante la Guerra de Secesión
portuguesa[9].
REFERENCIAS
[1] FERREIRA SUAREZ, J. y SEVILLANO LEDESMA, G. Puerto Seguro y su Entorno. Diputación de Salamanca. Salamanca, 2003. Pag. 43.
[1] FERREIRA SUAREZ, J. y SEVILLANO LEDESMA, G. Puerto Seguro y su Entorno. Diputación de Salamanca. Salamanca, 2003. Pag. 43.
[2] GURWOOD, Coronel. The Dispatches of Field Marshal the Duke of Wellington in his Various Campaigns (Vol. VIII). Murray. London, 1838. Pag. 629-631.
[3] GURWOOD, Coronel. The Dispatches of Field Marshal the …. (Vol. VIII) op. cit. Murray. London, 1838. Pag. 638-640.
[4] Archivo Histórico Nacional. Copia de las Instrucciones Dadas por el General Castaños a los Generales España y Penne-Villemur Antes de Sitiar Badajoz. Signatura DIVERSOS-COLECCIONES,114,N.76. Fecha 4/3/1812 - 5/3/1812.
[5] LARGO MARTIN, M. A. La Estrella de Wellington Comenzó a Brillar en Fuenteguinaldo. Castilla Ediciones. Valladolid, 2011. Pag. 141-145.
[6] Archivo Histórico Nacional. El General España Participa el Bloqueo de Ciudad Rodrigo por el Enemigo y los Movimientos de las Tropas Españolas. Signatura DIVERSOS-COLECCIONES,109,N.50. Fecha 8/4/1812.
[7] WROTTESLEY, G. Life and Correspondence of Field Marshal Sir John Burgoyne, Bart. (Vol. I). Elibron Classics. London, 2005. Pag. 184.
[8] MARMONT, Maréchal. Mémoires du Maréchal Marmont, duc de Raguse. Elibron Classics. Paris, 2005. Pag. 231.
sábado, 23 de enero de 2016
LOS DUQUES DE ABRANTES EN VALLADOLID (1810)
Este texto es una pequeña aportación para el libro de Juan Carlos Urueña Paredes: Qvestio, Una antigua Pasión de Valladolid que se publicará próximamente.
LOS DUQUES DE ABRANTES EN VALLADOLID
LOS DUQUES DE ABRANTES EN VALLADOLID
La decisión de Napoleón de hacer que sus ejércitos vuelvan a
internarse en Portugal, provoca que la ciudad de Valladolid se vea inundada por
una gran cantidad de soldadesca de diferentes armas a comienzos de 1810. Junto
a ellos llega uno de los generales más queridos por el emperador francés:
Jean-Andoche Junot, duque de Abrantes. Junot unió su destino con Napoleón en el
año 1793, durante el sitio de Tolón. Un día se encontraba en el emplazamiento
de la batería de los Sans-Culottes cuando el capitán de artillería Bonaparte,
recién llegado de París para dirigir las operaciones del asedio, pidió un
suboficial inteligente para realizar una misión de incógnito en las posiciones
enemigas. Junot, por entonces con la graduación de sargento de granaderos, se
presenta, pero se niega a realizarla sin uniforme, alegando que no es un espía.
Bonaparte le replica que le matarán, pero el futuro duque de Abrantes ignora la
recomendación y se marcha a las posiciones enemigas entonando una canción.
Bonaparte, atraído por la actitud del sargento, apunta el nombre en su libro de
notas. Días después, en la misma batería, Napoleón solicita un soldado con
buena letra para escribir una carta. Junot se vuelve a presentar y se pone a
escribir la misiva en el mismo espaldón de la batería. Apenas ha terminado,
cuando una granada lanzada por los ingleses explota a escasos diez pasos
cubriendo de tierra a Junot; éste, quitando importancia al suceso, exclama:
¡Bravo! Ya tenemos arenilla para secar la tinta. Bonaparte, asombrado con esta
actitud, asigna al joven sargento a su servicio y una vez terminado el sitio,
ascendido a general Bonaparte, Junot es nombrado ayudante de campo de Napoleón
siguiendo al futuro emperador en su destino.
![]() |
| JUNOT |
El día 25 de febrero de 1810 a las dos de la tarde, hace su
entrada en Valladolid aquel joven sargento, pero ya con el título de duque y
con numerosas campañas militares en su haber desde aquel lejano año de 1793.
Viene acompañado de su mujer e hija y se encaminan, seguidos por una numerosa
escolta de caballería, hacia el Palacio Real donde les espera el general
Kellerman, al mando de la ciudad. Junot inmediatamente se dedica a organizar su
cuerpo del ejército pasando revista a menudo, en el Campo Grande y en la
explanada frente al Palacio, a las tropas. Mientras, su esposa Laura Junot
centra la vida social de la ciudad; su salón de París es famoso por ser
frecuentado por lo más granado de la corte imperial e intenta reproducirlo en
Valladolid. Para amenizar las veladas pide a la marquesa de Aravaca, hija del
intendente de la ciudad, su piano que instala en Palacio. Los días transcurren
monótonos únicamente alterados por la celebración del cumpleaños del Rey, el 19
de marzo. Ese día se celebra una misa solemne y Te Deum en la catedral y por la
noche la ciudad se ilumina, celebrándose un baile en la casa de Kellerman. Pero
los asuntos de la guerra no esperan y el 14 de abril Junot parte hacia Astorga
a poner fin a la resistencia de la plaza, quedándose la duquesa en Valladolid.
La Semana Santa llega a una ciudad prácticamente vacía de tropas
militares, la población busca, en el recogimiento de las procesiones, la paz
que no tiene desde la llegada de los franceses. La relativa tranquilidad se
rompe el 26 de abril con el retorno de Junot y sus hombres, victoriosos tras la
toma de Astorga el día 2. La llegada del general ha venido precedida por los
prisioneros de la guarnición astorgana, que marchan en grandes columnas camino
de París. La duquesa de Abrantes siente curiosidad por estos hombres y una
mañana soleada sale en su calesa a observarlos. Al poco de llegar, una descarga
de fusilería resuena a cierta distancia. Asustada, manda a su acompañante que
se acerque a informarse de lo sucedido. Un oficial francés la tranquiliza: se trataba
de varios prisioneros que no podían continuar andando sentándose al borde del
camino. Se ha procedido a matarlos para que no ralenticen la marcha o se pasen
a las guerrillas una vez se aleje la columna. Laura, horrorizada, reprocha al
oficial la acción y vuelve a subir a la calesa para retornar a Valladolid.
Antes de partir puede escuchar al oficial: ¿Y usted señora, cree que nuestros
presos están mejor tratados a bordo de los pontones de Cádiz? Mi hermano murió
allí.
La ciudad se vuelve a convertir en un enorme cuartel que da
alojamiento a los soldados que próximamente se van a encaminar hacia Portugal.
Para encabezar este gran ejército, formado por las divisiones de Junot, Reynier
y el mariscal Ney, Napoleón concede el mando al mariscal Massena (príncipe de
Essling). La noticia no es bien acogida por los generales divisionarios al
imponerles el Emperador a un General en Jefe para el Ejército de Portugal,
comprobando Ney y Junot que no tienen la confianza de Napoleón para desempeñar
el cargo. Aun así intentan acomodarse a las órdenes y aceptan que el valiente
Massena tome el mando. El mariscal comunica, desde Vitoria, que el día 11 de
mayo entrará en Valladolid. Kellerman entonces ordena realizar los preparativos
para la recepción del príncipe de Essling, engalanando las calles para tal
acontecimiento. El día señalado, a primera hora de la tarde, un cortejo de
doscientas personas encabezado por Junot y Kellerman, acompañados de su
personal y principales funcionarios del Ayuntamiento, salen al encuentro del
Mariscal. A una legua de la ciudad se divisan los carruajes y el séquito de
Massena. Éste encabeza la expedición montado en una pequeña calesa descubierta.
Al que apodan el hijo querido de la victoria cuenta cincuenta años, es de
constitución fuerte y todavía conserva la estima de sus soldados por su valor y
tenacidad, pese a su conocida afición por sustraer bienes de las poblaciones
ocupadas y de ir a medias con los proveedores y comisarios del ejército. Pocas
veces ha resultado herido en combate y aún así un disparo le hizo perder la
visión del ojo izquierdo. No le gusta hablar de ello, pero todo el mundo sabe
que quién apretó el gatillo fue Napoleón durante una jornada de caza, pese a
que el jefe del estado mayor Berthier dijera que fue él quien disparó, para
exculpar al Emperador.
![]() |
| LOS MARISCALES NEY Y MASSENA |
Cuando Junot y Kellerman
llegan junto a Massena observan que un joven oficial de dragones le acompaña en
la calesa. El duque de Abrantes no deja de mirarle mientras habla con el
príncipe de Essling, le extraña que alguien tan joven porte en su pecho la cruz
de la Legión de Honor, distinción que concede Napoleón a aquellos que han hecho
méritos extraordinarios. Parece asustado y no levanta los ojos de sus botas;
incluso a Massena se le ve incomodo con la situación e intenta terminar la
presentación para reanudar la marcha. Junot pretende agradar al mariscal y le
comunica que su esposa Laura se encuentra en Valladolid y ha preparado el
Palacio Real para que esté a su gusto, ya que compartirán el aposento. Massena
entonces, muy nervioso al enterarse de la presencia de la duquesa de Abrantes,
dice que no puede residir en el palacio. Junot, disgustado, le replica que el
edificio es muy grande para dar cabida a todos y si alguien tiene que
abandonarlo sería él y su familia, dado su inferior rango. El príncipe de
Essling intenta disculparse indicando que ése no es el motivo de no poder
compartir aposento con Laura Junot, mientras mira de reojo a su joven oficial.
Alguien se acerca a Junot y le susurra al oído que el acompañante del viejo
mariscal es en realidad una mujer. Entonces el duque de Abrantes, con una
sonrisa no disimulada, resta importancia al asunto. La comitiva se
pone en marcha camino de Valladolid, todos van riéndose comentando el
incidente; menos Massena que apurado no pronuncia palabra durante el trayecto.
El motivo de esta situación se debe a que el joven oficial acompañante del
mariscal es en realidad una mujer: Henriette Lebreton su amante. El príncipe la
lleva disfrazada para que pase más inadvertida.
EL PALACIO REAL DE VALLADOLID EN EL SIGLO XIX Y EN LA ACTUALIDAD
Todavía resuenan las salvas de artillería cuando Massena llega a
Palacio. Tras saludar a la municipalidad, se hace llevar a los apartamentos de
Laura Junot para presentarle sus respetos y expresarle la alegría de volver a
verla, pues hace años que se conocen, omitiendo que llega acompañado por su
amante. Por su parte, Henriette es alojada en el ala del palacio destinada al
príncipe de Essling y hasta el día en que abandonen Valladolid, no se mostrará
en público ni coincidirá con la mujer del duque de Abrantes.
| PATIO DEL PALACIO |
Todo está preparado para marchar hacia Ciudad Rodrigo, antesala de
la entrada a Portugal. Los franceses saben que los bergantes volverán a hacer
acto de presencia por la provincia en el momento en que se marchen hacia la
frontera. Para intimidarles se ejecuta el 12 de mayo a cinco guerrilleros. Los
días se suceden lluviosos y el 26, al amanecer, sale Massena camino de
Salamanca. Tres días después, lo hace Junot con su familia. Valladolid vuelve a
quedar vacía, solo el fugaz paso de tropas, camino de Ciudad Rodrigo, alterará
la vida en la población. Muchos años más tarde, una protagonista de estos
acontecimientos, Laura Junot, escribirá sus memorias dando a conocer a todo el
mundo los sucesos que ocurrieron en Valladolid durante los primeros meses de aquel año de 1810.
domingo, 17 de enero de 2016
PARTIDAS DE GUERRILLA QUE AMENAZAN AL EJÉRCITO DEL NORTE EN JULIO DE 1811
Borrador de una carta que manda el general Caffarelli al ministro de la guerra. Le indica las partidas de guerrilla que amenazan al ejército del Norte, con estimación de la cantidad de infantería y caballería de cada una. Señala que no se exagera ya que no se han indicado las de Villacampa, Campoverde... Como curiosidad a la de Merino la llama la del Cura de Bilbao
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