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viernes, 30 de mayo de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
LEGANÉS Y LOS HERMANOS REJÓN - MAYO DE 1808
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| Escultura dedicada a los Hermanos Rejón. Se encuentra situada en la Av. Juan Carlos I, de Leganés |
Juan Pérez de Guzmán y Gallo en su obra “El Dos de Mayo de 1808 en Madrid. Relación Histórica Documentada” transcribe las inscripciones del Libro de Defunciones correspondiente al enterramiento de los dos hermanos Rejón:
En la villa de Leganés, el día cinco de mayo de 1808, falleció repentina y violentamente, sin recibir Sacramento alguno, JULIÁN REJÓN, vecino de ella, de edad de veinticuatro años, marido de Pascuala Marín, de cuyo matrimonio no dejó hijo alguno. No otorgó testamento. Se enterró en la ermita de San Nicasio, de esta villa; y por verdad lo firmo – don Pedro Dama – ( Libro X de Defunciones de la Parroquial de Leganés, folio 97 )
En la villa de Leganés, el día cinco de mayo de 1808, falleció repentina y violentamente, sin recibir Sacramento alguno, LEANDRO REJÓN, vecino de ella, de edad de treinta y tres años, marido de Victoria Madrid, de cuyo matrimonio dejó dos hijos, llamados Juan y Casimira. No otorgó testamento. Se enterró en la ermita de San Nicasio, extramuros de esta villa, y para que conste por verdad lo firmo – don Pedro Dama – ( Libro X de Defunciones de la Parroquial de Leganés, folio 97 )
Tras leer las memorias del general de división francés Grouchy, nombrado por Murat gobernador de Madrid, no tengo tan claro que los dos hermanos lucharan en Madrid. Según se desprende de la correspondencia entre Grouchy, el comandante de húsares Maignet y el general de brigada Wathiez, los dos hermanos permanecieron en Leganés durante aquella jornada y participaron en la revuelta que se produjo en esta población.
A principios de mayo de 1808 se encontraba acantonado en el cuartel de las Guardias Walonas de Leganés —actual sede de la Universidad Carlos III— el 2.º Regimiento de Húsares franceses, al mando del comandante Maignet. Al amanecer del día 2 de mayo se produjo el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas comandadas por Joaquín Murat. Al 2.º de Húsares se le ordenó dirigirse a Madrid para ayudar a sofocar la revuelta. Sin embargo, cuando llegó, quedaban ya pocos focos de lucha y no llegó a intervenir, regresando posteriormente a su acuartelamiento.
Durante su ausencia, y ante las noticias que llegaban de la capital, varios vecinos decidieron atacar a los retenes franceses que habían quedado en Leganés. Consiguieron reducir a varios húsares y les quitaron las armas. Cuando llegó el grueso del regimiento, Maignet ordenó detener a cuatro vecinos que habían intervenido en el ataque contra sus hombres. A dos de ellos, los hermanos Rejón, se les intervinieron armas pertenecientes a los húsares, por lo que fueron condenados a muerte. Fueron fusilados en el patio del cuartel y enterrados en la vecina ermita de San Nicasio, aunque posiblemente antes recibieran sepultura en la parroquia de San Salvador.
Los otros dos vecinos detenidos fueron puestos en libertad a petición del corregidor, del alcalde y de varios vecinos que respondieron de su buena conducta. Entre ellos se encontraba Casimiro de Gregori Dávila, quien posteriormente fue lugarteniente de El Empecinado por tierras de Guadalajara.
A pesar de todo, los franceses tomaron represalias contra el pueblo: impusieron al Ayuntamiento una requisición de 32.000 reales y cometieron robos y desórdenes en las casas de los habitantes de Leganés. Los desmanes llegaron a oídos de Grouchy, quien, tras los primeros días posteriores al levantamiento de Madrid, intentó restablecer la paz y suavizar el castigo impuesto a los madrileños mediante la publicación de un bando el 5 de mayo.
El mismo día ordena a Maignet que no ejerza ninguna búsqueda ni persecución contra los habitantes de Leganés como castigo por el asesinato de los dos húsares, ocurrido el 2 de mayo a manos del grupo de vecinos en el que, al parecer, los hermanos Rejón destacaron sobre los demás y se quedaron con las armas de los franceses.
Le indica que, con el fusilamiento de los dos hermanos, debe darse por terminada la venganza. Asimismo, recomienda a Maignet que tranquilice a los habitantes de Leganés y devuelva los 32.000 reales. Este obedece a su superior y publica el siguiente bando:
¡Habitantes de Leganés!
Grouchy no queda tranquilo con la amonestación a Maignet y dirige una carta al general de brigada Wathiez, superior inmediato de Maignet, que se encuentra en Pinto. Le indica que controle a sus húsares, que arreste a todos los que se han sobrepasado con los españoles y que intente tranquilizar los ánimos para evitar nuevas revueltas.
El 13 de mayo, Wathiez le remite un informe elaborado por Maignet sobre lo sucedido. En él, Maignet intenta justificar el comportamiento de sus hombres en Leganés. Indica que, cuando regresan de Madrid, intenta acuartelar a todos sus hombres en un mismo lugar para mantener el orden y la disciplina de la tropa, pero que no fue posible, ya que el pueblo no podía abastecerles de la paja necesaria. Por ello, decide alojarlos en las casas de los habitantes del pueblo y que se abastezcan en cada vivienda.
Entonces, varios húsares se aprovechan de la situación y roban en las casas donde se encuentran alojados. Maignet afirma que ha hecho castigar a varios de sus hombres y que los tiene encarcelados a la espera de sanción. Añade que el municipio, agradecido por las medidas que ha tomado para evitar desórdenes y para que en el futuro reine la buena armonía entre la tropa y los habitantes, le ofrece 32.000 reales, que él acepta. Sin embargo, sostiene que ha empleado buena parte del dinero en auxiliar a las dos viudas de los hombres fusilados, los hermanos Rejón.
Junto al informe envía un certificado del corregidor, del alcalde y de un vecino, en el que señalan que dicha suma la entrega el municipio voluntariamente, sin que haya mediado petición alguna por parte del general francés.
Al final, el castigo a los húsares que intervienen en los desórdenes ocurridos entre el 2 y el 5 de mayo en Leganés se salda con una reprimenda a Grouchy. El 21 de mayo, el mariscal Moncey reprocha a Grouchy que todavía tenga a un húsar de su Cuerpo de Ejército encarcelado en Leganés a la espera de juicio, y que otros dos hayan sido condenados a diez años “de hierros”. Le advierte que no sea tan susceptible con sus hombres y, sobre todo, que no los condene con tan poco fundamento.
Curiosamente, un futuro lugarteniente de El Empecinado, Casimiro Gregori Dávila, que en 1808 era administrador de Rentas Provinciales en Leganés, intervino en la liberación de los presos en la localidad. Se consiguió la libertad de todos, salvo la de los dos hermanos, que parecen haber sido los cabecillas de los sucesos ocurridos aquel 2 de mayo en Leganés y a quienes se les encontraron armas sustraídas a los franceses.
Para saber más sobre Casimiro Gregori Dávila, puede consultarse el libro El Empecinado. La vida de Juan Martín Díez, editado por el Foro para el Estudio de la Historia Militar de España y escrito por un servidor.
Juan Pérez de Guzmán, en su libro, sí indica el nombre de dos vecinos de Leganés que lucharon en Madrid y fallecieron días después, a causa de las heridas, en el Hospital General, situado junto a la Puerta de Atocha y que hoy alberga el Museo Reina Sofía. Fueron:
PEDRO DÍAZ VICENTI, de cincuenta años, jornalero, casado,
vecino de Leganés; herido en el combate de la Puerta del Sol, murió el
11.—(Hospital General, Comisaría de entradas, fol. 105 vto.)
NICOMEDES DE SOTO GARROTE, natural de Getafe y residente en
Leganés; vino a Madrid el día 1.º; el 2 quedó herido en el combate y murió el
4.—(Hospital General, Comisaría de entradas, fol. 210.)





