En los archivos militares de Francia se conserva parte de la correspondencia intercambiada por Ney y Herrasti durante el Sitio de Ciudad Rodrigo de 1810, además de los informes franceses relacionados con el ataque a la Plaza.
Las dos cartas que se muestran en esta entrada corresponden a la primera oferta de capitulación que ofrece Ney a Herrasti por medio del general de División Mermet, la respuesta por parte de Herrasti fue de palabra, negándose a rendir la plaza.
Los trabajos por parte de los franceses avanzaron rápido y una vez abierta brecha Ney volvió a ofrecer la capitulación a Herrasti que la rechazó nuevamente, siendo su respuesta la segunda carta mostrada.
La traducción de la carta la hace el propio Herrasti en su relación histórica del Sitio publicada en 1814:
12 de mayo 1810
Señor Gobernador,
Estoy lisonjeado de ofreceros en nombre de S. E. el señor Mariscal
duque de Elchingen, comandante en jefe, proposiciones que son todas en vuestra
ventaja, y que deben conveniros, si calculáis los verdaderos intereses de
vuestra guarnición, de nuestra ciudad y de vuestra patria.
Si entregáis la plaza que mandáis a las tropas de S. M. el
Emperador, S. E. se empeña con la lealtad que le es conocida a conservar a los
oficiales sus empleos militares, a darles si lo prefieren el permiso de
retirarse a sus casas, y hacerles disfrutar de la pensión a que tendrán
derecho; el señor Mariscal promete el mismo favor a todas las tropas que están
bajo vuestras órdenes: a las autoridades civiles la conservación de sus
empleos, y a los habitantes de Ciudad-Rodrigo el respeto inviolable
de sus personas y de sus propiedades,
Si al contrario, rehusáis toda especie de acomodo, S. E. de quien
los sucesos han coronado siempre se propone desplegar todos los grandes medios
que vos sabéis que tiene actualmente en su poder, y apoyado de todas las
fuerzas que le rodean, reducirá en pocos días una plaza, que os será entonces
imposible defender, y una guarnición que podéis salvar todavía.
Vuestra resistencia será nula, y vos debéis convenceros de ello.
En cuanto a mí tendré el sentimiento de no haber podido impedir una efusión de
sangre inútil, y vos, señor Gobernador, de haber causado la pérdida de
una ciudad interesante y desgraciada.
El momento crítico está muy cercano para que vos tengáis otro
partido que tomar.
Astorga se ha rendido demasiado tarde, si la
guarnición hubiese mejor conocido sus intereses habría menos sufrido, y no
sería prisionera de guerra. Vuestros aliados os engañan, ellos os abandonarán,
y vosotros os encontrareis aislados y entregados a vuestras propias fuerzas,
Vos sabéis que la Andalucía está pacífica, bien presto toda la
España estará sumisa y esta nación libre de las desgracias de la guerra y
de la anarquía.
La situación del Imperio francés es tal, que una pequeña plaza
como Ciudad-Rodrigo, no sería capaz de detener sus esfuerzos, y que la
conquista le vendrá a ser fácil desde que es útil a las operaciones de su
ejército.
Es más a propósito, señor Gobernador, cedérnosla amistosamente, y
pasar vos y la tropa que mandáis al servicio del Rey José, de quien los
soldados y los vasallos bendicen ya el reinado; vuestro destino y el suyo será
bien más dichoso: a estas proposiciones francas y leales S. E. añade la promesa
que será igualmente cumplida con la mayor fidelidad, de trataros con todos los
miramientos y respetos debidos a vuestros servicios militares, y a vuestro
mérito personal. .
Un hombre valiente tiene igualmente derechos a la estimación
pública, cuando se conviene a condiciones compatibles con el honor y la
necesidad por las circunstancias, que cuando por una obstinación superflua se
hace sordo a los medios de conciliación y a la voz de la razón. Yo quiero
creer, señor Gobernador, que vos reflexionareis maduramente sobre las
proposiciones que os hago, y que si existiese algún espíritu inquieto o
desconfiado que tentase a influir en vuestra determinación, vuestra sabiduría
sabrá atraerlo a la persuasión.
Si algún punto de mi carta tuviese necesidad de interpretación, os
ofrezco aclararlo yo mismo, y encontrarme para ello en el paraje que me
señalareis.
En mi particular, señor Gobernador, me felicito de haber tenido la
ocasión de aseguraros de la alta estimación que os tengo, y de la consideración
distinguida, con la cual tengo el honor de ser vuestro más rendido y más
obediente servidor, el General de división, comandante de las tropas
imperiales, acampadas delante de la plaza de Ciudad-Rodrigo. =
Mermet.
28 de junio 1810
Señor Mariscal,
Después de
cuarenta y nueve años que llevo de servicios, sé las leyes de la guerra, y mis
deberes militares.
La plaza
de Ciudad-Rodrigo no está en estado de capitular, ni tiene brecha
formada que obligue a hacerlo. En consecuencia aunque debiera decir a
V. E. decididamente siguiese sus operaciones contra ella, pues yo
sabría muy bien en consideración y respeto a la humanidad (si las
circunstancias me obligasen a hacerlo ) pedir la capitulación por mí mismo,
después de puesto en salvo mi honor, que aprecio más que la vida; habiendo
indicado el edecán de V. E. tendría la condescendencia de convenir en que se
despache un correo al general ingles Lord Wellington, acepto este partido, y
podrán quedar en suspensión las hostilidades, y todas las
cosas in statu quo, hasta su vuelta, en que según la contestación
que traiga, daré á V. E. la que corresponda.
Tengo el honor de ser de V. E.
atento servidor. = Andrés de Herrasti.
La respuesta no gustó a Ney que continuó con los trabajos hasta el 10 de julio, día que finalmente Herrasti aceptó la rendición.