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martes, 6 de diciembre de 2016

¿PINTÓ GOYA A NAPOLEÓN?

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
8/8/2016
Laura Cester

Antonio Muñoz Casayús asegura que una de las figuras de la obra 'La Romería de San Isidro', perteneciente a las 'Pinturas negras', corresponde al emperador francés.



En 1815, Napoleón, quien habría sido emperador de casi toda Europa, fue desterrado a la isla de Santa Helena en pleno océano Atlántico hasta su muerte en 1821. Mientras tanto, en la Quinta del Sordo, una finca situada a las afueras de Madrid, el pintor aragonés Francisco de Goya pintó desde 1819 hasta 1823 en los muros de la que fue su última residencia en España unos cuadros que a día de hoy continúan guardando secretos.
Una de estas obras, que pertenece a la serie de 14 obras murales conocidas como Pinturas negras, es La Romería de San Isidro. En tonos negros, grises y ocres Goya refleja la romería hacia la ermita de San Isidro de Madrid en el que los protagonistas son una grupo de personajes ebrios que cantan con el rostro desencajado y la mirada perdida.
Para Antonio Muñoz Casayús, abogado y estudioso de la obra del pintor aragonés, uno de esos personajes es el propio Napoleón Bonaparte. "Él está protegido por todos, escondidos y es el único que mira al espectador, te pongas donde te pongas te mira", afirma.
"Goya no da puntada sin hilo", asegura con contundencia Muñoz Casayús, quien desde hace ocho meses estudia a fondo esta obra tras haber descubierto el rostro de Napoleón viendo el cuadro en Internet. "Lo vi en la pantalla, lo aumenté y pensé ¿cómo no lo han podido ver? Si las Pinturas negras las conoce todo el mundo", se pregunta el abogado.
El código Goya es el título que da Antonio Muñoz Casayús a la serie de siete artículos que está preparando sobre sus descubrimientos sobre La Romería de San Isidro. Su primer artículo Contrariamente a la creencia histórica, Goya pintó a Napoleón ya está disponible en la página web Artdaily en inglés. "Si descubro unos secretos como estos y me los quedo para mí, no hago nada", confiesa.
Para el abogado, Napoleón no es el único secreto que guarda este cuadro. Entre 18 y 20 figuras relevantes de la política y sociedad de la época del pintor aragonés se encuentran escondidos entre los personajes que forman parte de la obra, asuntos que desvelará en sus próximos artículos.
Pero Muñoz Casayús no es el único que ha especulado con la aparición de Napoleón en este cuadro. La academica y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Laura Rodríguez Peinado, en su artículo La romería de San Isidro en el Centro Virtual Cervantes escribía que "entre la turba destaca un personaje dispuesto en segundo plano, que capta nuestra atención con su mirada y que en su expresión recuerda a Napoleón (...), las coincidencias cronológicas entre la muerte del emperador francés y la posible fecha de ejecución de las Pinturas negras hacen pensar que Goya conoció el suceso durante la realización de este conjunto"
Los expertos e investigadores siempre han considerado a las Pinturas Negras de Goya un conjunto de ilustraciones oscuras sin un significado concreto, pintado por un Goya enfermo y sordo al final de su carrera. Sin embargo, para Antonio Muñiz Casayús LaRomería de San Isidro está llena de imágenes que cuentan su propia historia.

LA ROMERÍA DE SAN ISIDRO - MUSEO DEL PRADO (MADRID)

jueves, 27 de octubre de 2016

EL EMPECINADO, SUS DESCENDIENTES Y CASTRILLO DE DUERO EN EL AÑO DEL CENTENARIO DE SU MUERTE

Juan Martín Díez "El Empecinado" es uno de los personajes más conocidos de la Guerra de la Independencia. Durante 1925, con motivo del centenario de su muerte, se publicaron varios artículos interesándose por sus descendientes y mostrando como era la casa que habitó en Castrillo de Duero. En su conjunto son muy interesantes, ya que cuentan alguna anécdota de su vida e incluso comentarios de habitantes de la zona cuyos padres o abuelos llegaron a conocerle.






Más sobre el Empecinado: http://www.batalladetrafalgar.com/2009/07/juan-martin-diez-el-empecinado.html

jueves, 13 de octubre de 2016

NO SIN NOSOTROS, LA APORTACIÓN MILITAR ESPAÑOLA A LA VICTORIA ALIADA EN LAS CAMPAÑAS DE 1811 Y 1812

No sin nosotros, de Arsenio García Fuertes

La aportación militar española a la victoria aliada en las campañas de 1811 y 1812 de la Guerra Peninsular.
La última y magnífica aportación del historiador Arsenio García Fuertes a la historiografía de la Guerra de la Independencia, con el foco puesto en los ejércitos españoles y el noroeste de España.


Título: NO SIN NOSOTROS. LA APORTACIÓN MILITAR ESPAÑOLA A LA VICTORIA ALIADA EN LAS CAMPAÑAS DE 1811 Y 1812 DE LA GUERRA PENINSULAR
Autor: Arsenio García Fuertes. Prólogo: Francisco Carantoña
ISBN: 978-84-944904-7-7. Tamaño 18 x 25 cm; encuadernación rústica con solapas; 862 páginas; 152 páginas de ilustraciones en color
Precio: 40 €; Haga su pedido aquí: pedidos@csed.es SIN GASTOS DE ENVÍO


ÍNDICE

PRÓLOGO, por Francisco Carantoña Álvarez, 13
INTRODUCCIÓN, 21
CAPÍTULO I. EL GRAN OLVIDADO. EL EJÉRCITO ESPAÑOL EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, 25
Estado de la cuestión, 25 – El Ejército Real Español al comienzo de la Guerra de la Independencia, 30 – Organización y fuerza del Ejército Real Español, 34 – La infantería, 40 – La artillería, 43 – La caballería, 44 – Las academias militares, 47 – La intendencia y sanidad, 49 – Los mandos y las tácticas. Las incompletas reformas militares de Manuel Godoy, 53 – La estrategia. La escuela prusiana y el concepto ofensivo, 56 – El levantamiento patriota y el ejército: revolución y guerra, 61 – El Ejército Español en campaña, 66 – Las campañas de 1809: esperanzas y nuevas derrotas. Batallas y asedios, 72 – El comportamiento táctico del Ejército Español en combate (1808 – 1809), 75 – Enseñanzas y autocrítica de los mandos españoles, 79 – Conclusiones al capítulo I, 81 – Índice de Ilustraciones, 87.
CAPÍTULO II. MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL EJÉRCITO ESPAÑOL. APRENDIZAJE Y REFORMAS. EL EJÉRCITO ESPAÑOL EN 1812, 89
La creación del cuerpo de Estado Mayor, 95.
CAPÍTULO III. LAS ACCIONES OFENSIVAS DEL VERANO DE 1810 TRAS LA CAÍDA DE ASTORGA EN MANOS FRANCESAS. LA TOMA DE PUEBLA DE SANABRIA POR LAS FUERZAS ESPAÑOLAS Y PORTUGUESAS, 99
Índice de Ilustraciones, 111.
CAPÍTULO IV. EL ORIGEN ORGÁNICO DEL 6º EJÉRCITO. LA 4ª DIVISIÓN DEL EJÉRCITO DE LA IZQUIERDA EN 1810, 113
La creación del 6º ejército, 116 – Un precedente desastroso, el combate de El Puelo, en Asturias, del 18 de marzo de 1811, 119 – Índice de Ilustraciones, 121.
CAPÍTULO V. EL EJÉRCITO IMPERIAL FRANCÉS EN EL NOROESTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA ENTRE 1811 Y 1812, UNA MISIÓN IMPOSIBLE, 123
Las tierras llanas de León y la importancia estratégica de Astorga, 123 – Índice de Ilustraciones, 125.
CAPÍTULO VI. LOS PRECEDENTES A LOS ARAPILES: EL VERANO DE 1811. LA CAMPAÑA DEL 6º EJÉRCITO AL MANDO DE JOSÉ MARÍA DE SANTOCILDES SOBRE LEÓN, 127
La situación política y militar en el noroeste de la Península entre 1810 y 1811. Las conflictivas relaciones del capitán general Nicolás Mahy y la “Junta Superior de Subsidios, Armamento y Defensa del Reino de Galicia”, 127 – El cese de Mahy y los nombramientos de Javier Castaños y José María de Santocildes, 134 – El 6º ejército pasa a la ofensiva. La evacuación francesa de Asturias y de Astorga, 143 – La acción de los Altos de Cogorderos, 23 de junio de 1811, 147 – Consecuencias de la acción de Cogorderos: el carrusel del Orbigo (julio y agosto de 1811), 152 – La contraofensiva francesa hacia el Bierzo: las acciones de Manzanal y Riego de Ambros, 156 – Campaña militar y propaganda: el águila que no lo fue, 160 – Índice de Ilustraciones, 165.
CAPÍTULO VII. EL CONTEXTO HISTÓRICO DE 1812 EN EUROPA Y EN LA PENÍNSULA. LA CAMPAÑA RUSA DE NAPOLEÓN EN EL CONTEXTO DE LA GUERRA DE ESPAÑA, 167
El papel estratégico de los valles del Duero y del Tajo y el frente secundario de León, Asturias y Galicia en el marco de la guerra peninsular. Ejércitos contendientes en España en 1812, 168 – Generales enfrentados en el noroeste de España 1812, 169 – Índice de Ilustraciones, 183.
CAPÍTULO VIII. PLANES ESTRATÉGICOS Y POLÍTICOS ENFRENTADOS. LA DIFÍCIL ALIANZA HISPANO BRITÁNICA FRENTE A FRANCIA, 185
Directrices del Consejo de Regencia en 1812 y el reforzamiento de la alianza con Gran Bretaña, 185 – Índice de Ilustraciones, 189.
CAPÍTULO IX. LA ACTUACIÓN DEL COMISIONADO BRITÁNICO, EL CORONEL HOWARD DOUGLAS, COMO ENLACE DEL GOBIERNO BRITÁNICO Y DE ARTHUR WELLESLEY, ANTE LOS 6º Y 7º EJÉRCITOS ESPAÑOLES ENTRE 1811 Y 1812, 191
Biografía y personalidad de Howard Douglas, 191 – Howard Douglas en el inicio de la Guerra de la Independencia y la campaña del general John Moore, 193 – La misión encomendada por Wellesley a Douglas en el noroeste de la Península, 195 – La llegada de Howard Douglas al noroeste de España. Las intrincadas relaciones británicas con las Juntas, los mandos militares y las guerrillas españoles, 197 – La situación operativa del 6º ejército a ojos del mando militar británico, 202 – La actuación británica en el apoyo a las guerrillas del norte de España, 205 – Índice de Ilustraciones, 208.
CAPÍTULO X. EL 6º EJÉRCITO 1811-1812. LOS GENERALES Y LAS JUNTAS SUPERIORES DE LEÓN Y GALICIA, 209
El común fenómeno de la deserción en los ejércitos durante la Guerra de la Independencia, 215 – La “Junta Superior de Subsidios, Armamento y Defensa del Reino de Galicia”, 1810-1812. Origen, funcionamiento y valoración, 225 – La “Junta Superior del Reino de León”, 1810-1812. Integrantes y funcionamiento, 230 – La campaña invernal del general Abadía sobre León. El primer apoyo a la ofensiva de Arthur Wellesley sobre Ciudad Rodrigo. Enero de 1812, 240 – Siguen los conflictos con las Juntas. El cese del general Abadía (febrero-marzo de 1812), 253 – La oposición británica al envío de refuerzos a América. El papel del comisionado Howard Douglas, 260 – La toma de Badajoz por Arthur Wellesley (abril de 1812), 265 – Santocildes vuelve a tomar el mando del 6º ejército, apresurada reorganización, 269 – Planes para la ofensiva aliada y el asedio de Astorga por el 6º ejército, 269 – Organización y efectivos del 6º ejército en la primavera de 1812, 275 – El espionaje militar español en León y el valle del Duero. Juan López de Fraga, 279 – Índice de Ilustraciones, 288.
CAPÍTULO XI. ASTORGA, PLAZA IMPERIAL. LA VIDA BAJO LA OCUPACIÓN FRANCESA, 1811 – 1812, 289
Astorga a comienzos del siglo XIX, 289 – Astorga, plaza fortificada por l’Armée de Portugal (agosto de 1811 – junio de 1812), 293 – Astorga, capital de prefectura, 313 – Índice de Ilustraciones, 316.
ILUSTRACIONES, 317
CAPÍTULO XII. EL 7º EJÉRCITO GUERRILLERO DEL NORTE DE ESPAÑA, 469
Introducción, 469 – Los orígenes del 7º ejército. La división de vanguardia cántabra, 470 – La rebelión y motín de las fuerzas de Renovales y su destitución del mando (febrero-mayo de 1811), 483 – La formación de las grandes partidas guerrilleras del norte de España, antecedentes organizativos (1808-1810), 488 – El general Gabriel de Mendizábal y la creación del 7º ejército. El triunfo organizativo del gobierno y los regulares españoles. Los vitales suministros británicos, 498 – Juan Díaz Porlier y Gabriel de Mendizábal (mayo-diciembre de 1811), 503 – Prosigue la organización del 7º ejército. Año de 1812, 526 – Índice de Ilustraciones, 533.
CAPÍTULO XIII. PLANES Y OPERACIONES ALIADOS PREVIOS A LA OFENSIVA SOBRE ASTORGA Y EL DUERO, (ABRIL DE 1812), 535
Introducción, 535 – Auguste Marmont y l´Armée de Portugal frente a Arthur Wellesley. Un mariscal y un ejército imperial aislados, 538 – Índice de Ilustraciones, 546.
CAPÍTULO XIV. LA OFENSIVA ALIADA DE 1812: EL 6º EJÉRCITO AMENAZA ASTORGA Y EL VALLE DEL DUERO Y LA CAMPAÑA BRITÁNICA DE LOS ARAPILES, 547
Introducción, 547 – El mes de mayo. Preparativos españoles, 549 – El mes de junio. El asedio. Los asedios en las guerras napoleónicas, 552 – El mes de julio. Arapiles, 571 – Howard Douglas regresa del 7º al 6º ejército, 583 – La batalla de los Arapiles, 22 de julio de 1812, 611 – La retirada del valle del Duero de l´Armée de Portugal, 619 – El mes de agosto. Capitulación francesa en Astorga y avance aliado sobre Madrid, 631 – Contraofensiva francesa y capitulación imperial en Astorga, 650 – El fracaso de la expedición del general Maximilien Foy, 672 – El destino de los prisioneros franceses, 678 – Los desastres de la guerra, Astorga, agosto y septiembre de 1812, 682 – Conclusiones al segundo sitio de Astorga, 687 – Índice de Ilustraciones, 695.
CAPÍTULO XV. EL DECISIVO APOYO DEL 7º EJÉRCITO ESPAÑOL A LA OFENSIVA DE WELLESLEY SOBRE EL DUERO, 697
Objetivo esencial: la fijación de l’Armée du Nord y el aislamiento del mariscal Marmont y l´Armée de Portugal, 697 – La actuación del comisionado Howard Douglas con las guerrillas del norte de España, 697 – Orden de batalla del 7º ejército en diciembre de 1812, 705 – Índice de Ilustraciones, 732.
CAPÍTULO XVI. ARTHUR WELLESLEY Y EL FRACASO DE LA CAMPAÑA DE BURGOS. EL APOYO REGULAR DE LOS 5º, 6º Y 7º EJÉRCITOS ESPAÑOLES, 733
La ofensiva aliada y el sitio al castillo de Burgos, 733 – La retirada hacia el Duero y Portugal, 740 – La defensa del castillo de Alba de Tormes, 744 – Conclusiones a la campaña de Burgos, 746 – Reorganización de los ejércitos españoles y el fin orgánico de los 6º y 7º ejércitos, 749 – Santocildes solicita el relevo, noviembre de 1812, 753 – Índice de Ilustraciones, 754.
CAPÍTULO XVII. CONCLUSIONES. LA APORTACIÓN DE LOS REGULARES DEL 6º EJÉRCITO Y LOS GUERRILLEROS Y CUERPOS FRANCOS DEL 7º EJÉRCITO A LA VICTORIA ALIADA, 755
Acuerdos y conferencias de paz, 758 – Índice de Ilustraciones, 764.
APÉNDICES, 765
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES, 807
ÍNDICE TOPONÍMICO, 839
ÍNDICE ONOMÁSTICO, 851



PRÓLOGO
Francisco Carantoña Álvarez[1]
La conmemoración del segundo centenario de la Guerra de la Independencia estimuló la publicación de artículos y libros –algunos nuevos, otros reediciones–, la celebración de congresos, pero no abundaron las obras sobre los aspectos estrictamente militares del conflicto. El magno trabajo de Arsenio García Fuertes constituye una notable excepción. En sus páginas no faltan referencias a las juntas de León y Galicia, que permiten conocer mejor la difícil relación de estas instituciones con los militares, pero su objetivo es el estudio de las operaciones bélicas de los años 1811 y 1812 en el noroeste de España. Ese sería motivo suficiente para subrayar su interés, pero lo acrecienta la importancia de la intervención de los 6º y 7º ejércitos en un momento decisivo de la contienda y la amplitud y novedad de las fuentes que utiliza.
Este no es, en sentido estricto, un libro de historia regional. La provincia de León tiene en él un papel destacado, pero el ámbito geográfico de su estudio se extiende hacia Galicia, Castilla e incluso Extremadura y Asturias. Su objetivo fundamental es analizar el desarrollo de las campañas que permitieron el avance de Wellington, la victoria aliada en los Arapiles y el giro de la guerra en el año 1812. Aun así, permite conocer mejor lo que sucedió en una amplia zona que, debido a que Galicia y parte de Asturias y León permanecieron de forma estable en manos españolas desde el comienzo del verano de 1809, resultó decisiva para el mantenimiento de la resistencia e impidió que los franceses se sintiesen seguros en el valle del Duero.
Trabajos como este son los que pueden sustentar las obras de síntesis. A pesar de las muchas historias locales, provinciales y regionales que se han publicado sobre este periodo en los dos últimos siglos, a veces poco rigurosas o escasamente originales, sigue habiendo muchos temas abiertos a la investigación –el levantamiento, la guerrilla, las juntas, la vida cotidiana bajo la ocupación o en las zonas liberadas, la dimensión real del “afrancesamiento” o el apoyo al sistema bonapartista en las pequeñas localidades–, que exigen estudios de detalle sobre ámbitos relativamente reducidos. Solo así se conocerá realmente cuáles son los tópicos o mitos que habría que desterrar o podrán sustentarse de forma sólida nuevas formas de analizar un proceso tan complejo y con tantas variables como el de la guerra y revolución que vivió España entre 1808 y 1814.
He insistido en varias ocasiones en el relativo olvido que existe sobre ese amplio territorio del noroeste que estuvo durante casi todo el conflicto, salvo unos meses de 1809, en manos de la resistencia contra la ocupación francesa. Sigue siendo frecuente que se afirme que en 1810 solo Cádiz quedaba como reducto de los rebeldes en la España peninsular. A veces se recuerda a Cartagena y Alicante, pero ensayistas y autores de síntesis, incluso de obras de historia regional alejadas del noroeste, se olvidan de Galicia, Asturias y León, probablemente porque no se produjeron allí grandes batallas, pero este libro pone en evidencia que no solo en ellas se ganó o perdió la guerra, incluso que su curso dependió de la influencia de las acciones “menores” que impidieron que el ejército francés pudiese concentrarse para atacar en superioridad a los aliados.
El autor sostiene la importancia de la acción de los ejércitos españoles en la derrota de Napoleón. Es también habitual, no solo en la historiografía británica, que se atribuya a Wellington y sus tropas el papel decisivo en la victoria. Es innegable su protagonismo en Talavera, Ciudad Rodrigo, Badajoz, Arapiles y Vitoria, pero nunca hubieran podido ganar la guerra ellos solos. Tampoco hubiera sobrevivido la resistencia española sin la ayuda material, la protección de la flota y la intervención directa del ejército británico –sin olvidar la participación de los portugueses– y la liberación de Portugal fue decisiva para que se produjese la de Galicia y Napoleón se sintiese permanentemente amenazado desde el oeste.
La guerra la ganaron los ejércitos regulares aliados, pero esa victoria se vio facilitada por la actividad de la guerrilla –también sobre ella ofrece interesantes datos este libro– y el rechazo de la inmensa mayoría de la población a la ocupación. Hubo colaboracionistas, cundió la desmoralización con las derrotas y la prolongación del conflicto –la deserción es una consecuencia–, pero en ningún sitio como en España le resultó imposible a Napoleón organizar una administración con partidarios locales. José I nunca tuvo un ejército y, con frecuencia, ni siquiera una policía integrada por españoles –salvo los comisarios y algunos agentes, no excepcionalmente dobles o inseguros–, la Constitución de Bayona nunca pudo aplicarse. Aunque hubiese algunos millares de josefinos honestos y convencidos, fue una guerra de resistencia contra la ocupación. Finalmente, tampoco puede olvidarse que, en 1812 y 1813, la retirada de tropas francesas a causa de la invasión de Rusia y las derrotas posteriores facilitó las cosas a los aliados.
El discurso patriótico, simplificador y muchas veces propagandístico o simple exaltación de heroísmos mitificados –locales o nacionales–, de parte de la historiografía tradicional explica la revisión que se ha producido en los últimos años, pero esa necesaria renovación de perspectivas no debe conducir a la creación de otro tan alejado de la realidad como el anterior.
Arsenio García Fuertes lleva años publicando libros y artículos, participando en congresos y, en resumen, investigando sobre la guerra de la Independencia. Esta obra, sustentada sobre un ingente trabajo con fuentes directas, es, en cierto modo, la culminación de esa labor, aunque el autor es lo suficientemente joven como para que se pueda aventurar que no supone un final. Lo que sí está fuera de duda es que se trata de una notable aportación al conocimiento de la Guerra de la Independencia. La difícil reconstrucción del ejército regular español, las complejas relaciones de los militares con las autoridades civiles, los errores y aciertos de los principales mandos del ejército y las rivalidades que los debilitaron, las juntas, la guerrilla, la intervención británica –con el detallado estudio de la actividad de Howard Douglas–, son muchas las cuestiones que aborda con nuevas fuentes e información hasta ahora desconocida.

Francisco Carantoña Álvarez

[1] FRANCISCO CARANTOÑA ÁLVAREZ es, sin ninguna duda, uno de los mayores especialistas del periodo rotulado por la historiografía como “Crisis y disolución del Antiguo Régimen (1808-1883)”, etapa en la que se enmarca la Guerra de la Independencia y los primeros episodios de la revolución liberal en nuestro país. Doctor en Historia por la Universidad de Oviedo –con una pionera y reconocida Tesis sobre el decurso de la Guerra de la Independencia y el inicio de la revolución liberal en Asturias– es profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de León, secretario primero de la revista Alcores, patrono de las fundaciones Sierra Pambley y Foro Jovellanos del Principado de Asturias y miembro del FEHME. Su ingente y rigurosa obra le ha convertido en un referente obligado para acercarse al estudio de lo acontecido en la provincia de León, también en el conjunto del país, en el primer tercio de nuestro más que contradictorio y apasionante Ochocientos.

FUENTE: http://www.lacriticadeleon.com/noticia/875/libros--presentaciones/no-sin-nosotros-de-arsenio-garcia-fuertes.html

sábado, 8 de octubre de 2016

sábado, 1 de octubre de 2016

EL ENTIERRO DE DON JULIÁN SÁNCHEZ "EL CHARRO" EN ETREROS (SEGOVIA)


Ermita del Cristo de los Afligidos (Etreros)


Cuenta la crónica que el día anterior al fallecimiento de don Julián Sánchez, y ante su estado crítico, un jinete partió hacia Salamanca con el fatídico anuncio.
Al amanecer del 19 de octubre de 1832, los primeros rayos de sol descubren a un grupo de hombres que, formando varios corros, esperan junto a la puerta del palacio del conde de Mansilla. Sus rostros serios, duros, no reflejan el cansancio de la larga jornada a caballo. La mayoría han llegado durante la noche a la población segoviana de Etreros, acudiendo a la llamada. No todos han podido asistir, por la premura de la noticia ha sido imposible que el grupo fuera más numeroso. A su llegada, todos han ido siguiendo el mismo protocolo: presentar sus condolencias a doña Juana Velarde Gandarillas, viuda de don Julián y cuadrarse ante el cadáver del que fuera Brigadier de los Reales ejércitos.
Prefieren guardar el velatorio juntos y han elegido el frío de la mañana para que les acompañe en el dolor. El silencio les rodea, únicamente interrumpido ocasionalmente por una solicitud de fuego para encender un cigarro, o para narrar una hazaña lejana en el tiempo que compartieron con el difunto.
A una señal del interior de la casa seis de estos hombres, que aparentan más autoridad que el resto, entran dentro de la vivienda.  Al cabo de un tiempo, por el sonido que se escucha, se comprende que se está tapando el ataúd. El súbito llanto de doña Juana les hace encogerse, ni el frío ni el dolor lo había conseguido. Se abre completamente el portón y aparece el párroco junto con dos monaguillos, seguido por cuatro de los hombres que entraron anteriormente. Portan sobre sus hombros un sencillo féretro de madera de pino.
 La visión hace aparecer signos de lágrimas en los curtidos rostros de los hombres. Sus cuatro compañeros han cambiado sus ropas por un antiguo uniforme que dejó de ser reglamentario hace muchos años. La desgastada tela azul con sus vivos rojos les evocan lejanos amaneceres cabalgando por los campos charros, defendiendo el trono a un rey que posteriormente les dio la espalda. Instintivamente, sin una orden que lo provoque, la veintena de hombres se juntan en formación. Estiran sus ropas arrugadas por el viaje y descubren sus cabezas en señal de respeto. En ese preciso momento un relincho de caballo suena en la calle Real, a la derecha tras la esquina de palacio aparecen los otros dos compañeros montados a caballo, uniformados como los anteriores y portando unas lanzas con banderola granate. Vienen de las cuadras que posee el Conde. Las lanzas las conservaba don Julián colgadas en una de las paredes de la sala principal de la casa. Los dos jinetes se adelantan unos metros por la calle Real para encabezar el cortejo fúnebre.
A continuación sale de palacio la viuda, apoyándose en el brazo de su primo don Francisco de Paula Gandarillas. Don Francisco es hijo del conde de Mansilla, se trasladó hace unos días desde la vecina Segovia ante el aviso del agravamiento de la salud de don Julián. Tras ellos están don Juan Sánchez García, hermano de don Julián, y uno de sus sobrinos Juan Antonio Hernández. Únicos familiares del brigadier que han podido acudir a Etreros.
Por último, sale del palacio don Juan de San Miguel de la Peña, primer comandante del batallón de los Voluntarios Realistas de Santa María la Real de Nieva, junto a varias autoridades de la comarca.
El grupo de hombres se unen al final del cortejo. Marchan en formación, tal como lo hacían antiguamente cuando formaban parte del regimiento de Lanceros de Castilla, bajo el mando de don Julián Sánchez García “el Charro” al que hoy acompañan en su último trayecto.
 El séquito enfila la calle Real camino de la iglesia de San Juan Bautista, cuyas campanas han empezado a redoblar. El pueblo se encuentra apostado a ambos lados de la calle mostrando respeto al que ha sido ilustre vecino en éstos últimos años. La mayoría recuerda las penurias pasadas en la afrancesada, y como gracias a hombres como don Julián consiguieron deshacerse del invasor y no seguir temiendo por sus escasos bienes.
Al llegar a la altura de la iglesia giran a la derecha para entrar en la gran explanada que hace de plazuela. Junto al templo, haciendo escuadra con el mismo, se encuentran dos compañías de Voluntarios Realistas que se han desplazado desde Santa María la Real de Nieva. En formación, con las cajas sin enlutar, a una señal del comandante don Juan de San Miguel a su segundo don Tomás Rodrigo, éste ordena a la tropa presentar armas en el momento que la comitiva entra en el edificio. El comandante no está obligado hacerlo, pero quiere rendir de ésta forma honores al que fuera caudillo castellano. A pesar de sus diferencias políticas, don Julián y él entablaron amistad y eran frecuentes las visitas entre uno y otro. A don Juan de San Miguel se le encargó la orden de vigilar y controlar las visitas que recibiera Sánchez en Etreros, pero la figura del brigadier le sedujo desde el primer momento forjándose entre ellos gran simpatía.
Los dos jinetes quedan a ambos lados de la puerta mientras que el resto de hombres entran en la iglesia. El féretro es depositado en la cabecera del templo y el padre Llata realiza el oficio funeral resaltando las figuras de marido y militar de don Julián.
Al finalizar el responso, las escasas autoridades pasan en fila a dar el pésame a la viuda y familiares, al igual que lo hacen los parroquianos que han conseguido hueco dentro de la iglesia. El funeral no ha terminado, ya que el deseo de don Julián fue el de ser enterrado en la vecina ermita del Cristo de los Afligidos. El recorrido entre la iglesia y la ermita, poco más de 200 metros, lo realizarán únicamente sus allegados y los hombres que le sirvieron en vida.
La salida del féretro del templo viene acompañada por una descarga de los Voluntarios Realistas. La población de Etreros se ha terminado reuniendo en la plazuela de la iglesia y rompe a aplaudir cuando el cortejo dobla la esquina y se encamina recto hacia la ermita. En primer lugar los dos jinetes, seguidos por el padre Fr. Francisco Llata y el féretro llevado por los cuatro hombres uniformados. A continuación la viuda, don Francisco de Paula y el hermano y sobrino de don Julián. Por último, cerrando la comitiva, la veintena de hombres. Al llegar a la pequeña ermita los dos jinetes bajan de sus caballos y entran en su interior, seguidos por el resto de hombres. El párroco, doña Juana, su primo y el hermano y sobrino de don Julián permanecen unos instantes fuera, a la espera de la salida de los hombres.  Con ellos está Pedro García, el encargado de habilitar la sepultura y que estaba esperando la llegada para terminar su trabajo. Dentro de la ermita, en el centro junto al altar, los hombres han depositado el féretro en la sepultura y con gran dolor se despiden del que fuera su jefe. Al salir permanecen juntos, asumiendo la pérdida y recordando a todos los compañeros que se fueron y a los que se les ha unido don Julián.
Dentro de la ermita doña Juana Velarde llora desconsoladamente la pérdida de su esposo, mientras que don Francisco Llata bendice la sepultura y dedica unas últimas palabras antes de que Pedro García proceda a colocar las piedras del suelo que tapan el lugar donde se ha producido el enterramiento. Una vez terminada la pequeña ceremonia se cierra la puerta con llave, quedando don Julián Sánchez García, el que fuera héroe de la Independencia, enterrado en la pequeña ermita del pueblo de Etreros. La talla del Santo Cristo de los Afligidos, que preside la ermita, velará por él.
Una vez retornados al palacio de los Mansilla, los hombres hacen tiempo para salir escalonadamente camino de Salamanca. No se les permite, desde el año 23, reunirse en grupos numerosos ni viajar juntos. A pesar de su edad y el abandono de la carrera militar, su soberano todavía les teme. El fallecimiento de su jefe ha sido la última ocasión en que se reúnan todos, y han dado gracias al comandante de Santa María la Real de Nieva que les permitiera el poder hacerlo. Los hombres de don Julián Sánchez “el Charro” quedarán definitivamente olvidados.
A doña Juana Velarde ya no la sujeta nada en Etreros. En éste pequeño pueblo segoviano deja enterrados a sus dos hijos y a su marido. Una vez preparado todo para el traslado, marchará pocos meses después a Cantabria a casa de su hermana.
El cronista desconoce que la noticia llegó a Madrid y le fue comunicada de inmediato al rey Fernando VII. Más preocupado por el retorno a Palacio después de la larga estancia en La Granja de San Ildefonso, leyó el comunicado y sin más lo mandó archivar. España siempre ha sido ingrata con sus héroes.   
Tardó más la noticia en cruzar el mar y llegar hasta Apsley House, Londres. Sentado a la mesa de trabajo, el viejo militar revisa la correspondencia. Cuando termina de leer el despacho llegado desde España numerosos recuerdos y sensaciones que creía olvidados, se le presentan repentinamente. El calor en España, el temor a sufrir una derrota, la amplia meseta castellana... y aquellos hombres que lucharon bajo sus órdenes, valientes y orgullosos. Una pequeña sonrisa se le escapa al recordar como se produjo la captura del gobernador francés de Ciudad Rodrigo. Nunca lo ha expresado en público, pero el duque de Wellington reconoce que fueron parte importante en la expulsión francesa de la Península y cuando tuvo ocasión mostró su reconocimiento a don Julián Sánchez y a su lanceros.

 Miguel Ángel García García 
 Madrid 2016
Los Lanceros de Castilla y don Julián Sánchez

Placa colocada en el interior de la ermita



Para conocer el motivo por el cual don Julián Sánchez se encontraba viviendo en el pequeño pueblo de Etreros y el posterior traslado de sus restos a Ciudad Rodrigo, tenemos que retroceder hasta 1816.
Tras terminar la guerra contra los franceses le nombran el 5 de abril de 1816 gobernador de la plaza de Santoña. El 9 de julio de 1819 fallece en Santoña Cecilia Muriel su esposa, volviéndose a casar don Julián el 18 de marzo de 1821 en Liérganes con doña Juana Ignacia Velarde Gandarillas.
El 22 de marzo de 1822 se le amplía el mando a toda la provincia de Santander.
6 de abril de 1823 está  destinado en el segundo ejército de operaciones para contener la entrada del ejército francés del duque de Angulema, que viene en socorro de Fernando VII. Se le ordenar cubrir Logroño.  En un enfrentamiento es herido en un costado y llevado prisionero a Vitoria.
Enterado el duque de Angulema << de las circunstancias de  D. Julián>> lo pone en libertad bajo su palabra de honor, dejándole que siga al cuartel general hasta Burgos, donde se le confiere una comisión reservada para S.M. que desempeña en Madrid a completa satisfacción, por lo que es exceptuado de la medida general que se dictó para el ejército constitucional el 1 de octubre de 1823. No sin antes tener que interceder por él el Mayor General, Conde de Guilleminot al Embajador de Francia:
Don Julián Sánchez me expresa el temor que le causa el decreto de S.M. Católica, que separa de Madrid y del camino que debe seguir la familia Real a todos los individuos que han sido empleados por el Gobierno Constitucional. El Brigadier don Julián Sánchez servía efectivamente en el Ejército Constitucional y fue hecho prisionero en Logroño, pero como antes de abrirse la campaña había ya dado pruebas de su deseo de ser útil a la causa Real, hubiera también entregado la plaza de Santoña que mandaba, si el Gobierno de las Cortes, desconfiando de él, no le hubiera dado otro destino.
Monseñor se dignó, cuando aquél cayó prisionero, remitirle a Madrid, bajo su palabra de honor, encargándole al mismo tiempo una comisión secreta, que desempeñó según lo convenido. Desde entonces no ha cesado de dar muchas pruebas de su verdadera adhesión al servicio de su Soberano. Ha ofrecido repetidas veces trasladarse al país de Salamanca, donde tiene grande influencia, para atraer a sí a sus antiguos compañeros de armas, que están en el día bajo las órdenes del Empecinado. En fin, de todos modos, S.A.R. (el duque de Angulema) ha tenido motivos para estar satisfecho de la conducta del Brigadier don Julián Sánchez, quien, por otra parte, no posee otra fortuna que su destino. S.A.R. me encarga, en su consecuencia, de pediros que le recomendéis del modo más eficaz al Gobierno de S.M. Católica y aun de insistir para que se haga en su favor una excepción en la medida general, con respecto a los diversos empleados del Gobierno Constitucional. Monseñor desea que V.E. me haga conocer el resultado de sus diligencias en éste particular.
El Embajador Francés realiza el encargo y un mes después escribe al conde de Guilleminot:
Madrid, 15 de noviembre de 1823.- Sr. Conde: He recibido la carta que V.E. me ha hecho el honor de remitir ayer, relativa a don Julián Sánchez. He dado cuenta a Monseñor el 17 del mes último, y según el interés que yo había hecho conocer, según sus órdenes, al Ministro de Estado, me ha dicho éste mismo que don Julián se había exceptuado de todas las disposiciones.
Aun así se le concede una solución arbitraria, no pudiendo permanecer en la capital:
Capitanía General de Castilla la Nueva.- El excelentísimo señor Secretario del despacho de la guerra, con fecha 13 del actual, me previene, de orden del Rey N.S. diga a V.S. manifieste y pida su cuartel de Brigadier para el paraje que más le acomode. Lo que pongo en conocimiento de V.S. para su inteligencia y cumplimiento, esperando se sirva darme aviso del recibo de éste escrito.- Dios guarde a V.S. muchos años.- Madrid 16 de diciembre de 1823
Don Julián solicita cuartel para Ledesma (Salamanca) con un sueldo mensual de 2.000 reales.
El 18 de septiembre de 1824 se le acusa de conspiración:
Comandancia Militar de Ávila
Excmo. Sr.: He visto y el señor Intendente de Policía de esta provincia, carta en que se demuestra aumentarse las sospechas que infunden el brigadier don Julián Sánchez, que se halla con fija residencia en Ledesma. En éstos últimos días dicen que ha ido a varios pueblos de aquellas inmediaciones, en cuyos parajes se supone haber más de 800 indefinidos y licenciados del Ejército revolucionario, sin contar con muchas que pertenecieron a la Caballería que mandó; el conducto de la noticia es fidedigno y dicho Sánchez podía acaso contar con alarmar dicha gente. No hay duda que V.E. tiene que fijar la vista sobre la conducta de aquél, y por lo mismo y para que sirva de conocimiento, lo elevo al superior de V.E. rogándole tenga presente esto. V.E. tendrá la bondad de  hacer el mérito que le parezca del fruto de mis observaciones y disponer lo conveniente para cuanto expongo, que no son más que deseos de que no haya alguna tentativa con don Julián, y cuente con los soldados que fueron constitucionales y oficiales indefinidos.- Dios guarde a V.E. muchos año.- Ávila 18 de septiembre de 1824.- Excmo. Sr. Juan Mediavilla de la Torre.- Excmo. Capitán general de Castilla la Vieja.
A consecuencia de ésta delación, por Real Orden del 29 de septiembre de 1824 se ordena prisión para don Julián, ocupación de sus papeles y correspondencia y a la formación de sumario como sospechoso de alterar el orden público en sentido constitucional en la provincia de Salamanca. Es encerrado en la Real Chancillería de Valladolid.
Desde su prisión don Julián eleva el 31 de diciembre de 1824 una instancia al Rey solicitando que se le formase causa o se le dejara en libertad. Pero hasta el 12 de marzo no se remite al Supremo Consejo de Guerra. Por Real Orden de 3 de julio de 1825 se dispone que continúe la sumaria conforme a lo prevenido el 29 de septiembre del año anterior, y a pesar de que la Comisión Militar de Castilla sobreseyó la sumaria por no encontrar motivo contra don Julián en la supuesta conspiración, por otra Real Orden de 3 de agosto se manda que se lleve a efecto lo prevenido el 3 de julio y que vuelva a empezar la sumaria.
Al final se le pone en libertar por Real Orden de 6 de enero de 1827 << En atención a haber resultado inocente en la proyectada conspiración constitucional contra el Gobierno del Rey, sin que le sirva de nota alguna en su conducta la prisión sufrida>>
Cansado don Julián Sánchez de tanto desprecio se retira a la localidad Segoviana de Etreros en el año 1828, donde el tío de su mujer, el conde de Mansilla, tiene un pequeño palacio. Al poco de llegar fallece su único hijo Francisco Luis, el 30 de agosto de 1828. El 30 de mayo del año siguiente su mujer da a luz a una niña a la que ponen por nombre Rosa Petronila que lamentablemente muere el 4 de octubre de 1831.
Don Julián fallecería el 18 de octubre de 1832 siendo enterrado en la ermita de Etreros.
Don Julián Sánchez, conjunta persona de doña Juana Velarde. En el día diez y nueve de octubre de mil ochocientos treinta y dos. Yo, el infrascrito Cura Teniente de éste lugar de Etreros, di sepultura eclesiástica en su ermita al cadáver del señor don Julián Sánchez, Brigadier de los Reales Ejércitos, residente en este pueblo, conjunta persona de doña Juana Velarde; murió el día anterior, después de haber recibido los Santos Sacramentos de Penitencia, Comunión y Extremaunción. Hizo testamento por ante el fiel de fechos de este pueblo, Vicente Montalvo, y si resultare algo para Colecturía se anotará en su respectivo libro.- Y para que conste, lo firmo.
En 1909 el capitán de ingenieros Martínez Unciti estudia el expediente militar de don Julián Sánchez y descubre el lugar donde está enterrado. Unciti lo comunica al Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo.
Heraldo de Madrid 27 de abril de 1909
El sacerdote e investigador don Jesús Pereira Sánchez promueve el traslado de los restos de don Julián Sánchez a Ciudad Rodrigo en 1910, con motivo del bicentenario del primer Sitio. Se ha puesto en contacto con el párroco entonces de Etreros don Antonio Balbuena, que le proporciona la partida de defunción. También le indica que desde 1834, en que es construido el cementerio que existe todavía junto a la ermita, no se había producido ningún enterramiento dentro de la ermita, a no ser de algún sacerdote de los escasos que durante los 75 años transcurridos hubieran podido morir en el pueblo.
En 1871 se abrió una sepultura para enterrar a un sacerdote fallecido y uno de los tres hombres que intervinieron en el entierro halló en ella una espada, que utilizó después para hacer cuchillos. En 1909 todavía vivía uno de los tres sepultureros y les indicó el sitio de dicha sepultura, afirmando que el cadáver junto al cual encontraron la espada, no fue extraído sino que lo dejaron como estaba. Por lo que dedujeron que la tumba era la de don Julián Sánchez.
El traslado no se puede producir y la empresa quedó suspendida.
En 1980 se vuelve a retomar la iniciativa del traslado de los restos de don Julián. El Obispado de Segovia, autoriza debidamente la exhumación. Se realizan varias catas y en un ataúd se descubren los restos de una persona junto con lo que queda de un uniforme, por lo que se determina que es don Julián. El lugar del enterramiento es frente al altar. Únicamente se conserva del  cráneo la mandíbula. Los restos se trasladan a Salamanca y el 19 de enero de 1985 definitivamente se llevan a Ciudad Rodrigo, donde se encuentran actualmente.


Estado actual de la fachada principal del palacio del Conde de Mansilla, Etreros

Parte trasera del palacio

Iglesia de Etreros



Ermita de Etreros, lugar donde fue enterrado don Julián


Ciudad Rodrigo. Monumento donde están depositados en la actualidad los restos de don Julián Sánchez


 
Etreros, sala lateral de la ermita


Fuentes:
El Siglo futuro. 2/6/1909, nº 554
Tierra charra. 25/11/1928 Varios números entre 1928 y 1929
Heraldo de Madrid 27 de abril de 1909
Archivo General Militar de Segovia, expediente de don Julián Sánchez

Gracias:
-Al párroco actual de Etreros por la atención prestada durante la visita a la iglesia y ermita,
-A don Francisco Javier Polanco Muñoz, por los datos facilitados de doña Juana Velarde Gandarillas.
 Don Francisco es descendiente de la hermana de doña Juana