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domingo, 11 de septiembre de 2011

CASERÓN DE ESCOCESES DE BOECILLO, CUARTEL GENERAL DE WELLINGTON. SU ESTADO A FECHA 11/9/11

Como dije en la última entrada relacionada con el estado en que se encuentra el edificio que fue utilizado por Wellington durante su estancia en Boecillo,
http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2011/04/sigue-el-proceso-de-ruina-del-cuartel.html
periódicamente iré poniendo fotos de su lenta agonía.
Estas corresponden a hoy día 11 de septiembre de 2011. Desde abril, que fue la última visita que hice, le han intentado cerrar los huecos abiertos en la planta baja que facilitaba la entrada a su interior, pero los vándalos han abierto una de las puertas que hay en la parte izquierda de la fachada. Esta mañana he podido comprobar que por el ruido en su interior había gente dentro.




















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5 comentarios:

  1. gracias por evidenciar la consideración que se le está dando a este edificio.

    por aquí hay uno que espera una entrada sobre Santoña. ánimo y felicidades por los contenidos.

    antuan

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  2. Muchas gracias por denuciar el deterioro de este edificio, a mi personalmente me da mucha pena porque mis bisabuelos vivieron alli.

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  3. LA CASONA. Por Fernando García de la Cuesta. (Primera parte)

    Diría que de 365 días que tiene el año, casi 365 pasamos mi amigo Daniel y yo por delante del Colegio de los Escoceses. He visto como desde el año 1970 que asistía a Misa en su capilla, los alumnos cantaban melodías tan alegres que elevaban el alma hasta espacios etéreos. Sin embargo, aquellos años pasaron; los estudiantes se trasladaron a Salamanca en 1988 y La Casona quedaba sola. Era la primera vez que, después de 176 años, sir Arthur Wellesley, primer duque de Wellington, instalara con colegiales en La Casona su Cuartel General de la Guerra de la Independencia en Boecillo, (Peninsular para los británicos) durante tres jornadas históricas: 30 de julio, 6 de septiembre y 29 de octubre. Después, en 1988, los alumnos abandonaban aquellas paredes tan rememorativas que conocieron secretos hablados por Wellington, el Príncipe de Orange, el general Howard Douglas y otros, invitados por Alexander Cameron II, rector del Colegio de Escoceses. También, habían pasado 186 años desde el inicio de la construcción de tan egregio edificio, y hasta ahí todo...
    Decía que todos los días, después de andar bastantes kilómetros por los vericuetos del “monte bajo encinar”, descubrir con Daniel nuevas rutas, indagación de los lugares en donde se fabricaron los ladrillos de La Casona de los Escoceses y de la “Casona del Monte” construida aproximadamente en 1750, en la que probablemente Wellington estuvo de caza, o deliberar asuntos que no quisiera que nadie pudiera escucharlos. ¡Cuánta historia silenciada por la historia!
    He podido constatar en primera persona el abandono total in misero de La Casona, como pasaba de compradores irredentos que solo pensaban en lucrarse con el “único edificio histórico de protección estructural existente en Boecillo” de da igual que año (otros se demolieron), de fastuosas bodas celebradas en nuestra Casona para aprovecharse de la figura ilustre, de cómo pasaban de unos a otros, de otros a unos, sin pensar ni un ápice de lo que allí estaba, solo estaba... La Casona.
    Pero al mismo tiempo que el tiempo pasaba, La Casona iba sufriendo el abandono de todos los que la amaron, cual dulce mujer, sin que nadie pusiera algo para reivindicar lo que su pasado exigía. ¡Ay, Wellington, Wellington! Se nos llena la boca con una sola palabra, un solo nombre, un solo hombre... sigue

    Boecillo, 6 de agosto,2020


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  4. LA CASONA. Por Fernando García de la Cuesta. (Segunda parte)

    Escribí una extensa carta a la Embajada Británica en Madrid, explicando el motivo de la misiva, pensando que concebirían no dejarla caer... hasta ahora... no hicieron ni caso.
    Inundé todo Boecillo de carteles “Salvemos el Colegio de Escoceses”. Las gentes del pueblo me preguntaba que cómo podían ayudar, generándose un espíritu de socorro generalizado de: que nuestra Casona “se salve”. Por mi profesión de Aparejador, conozco que la restauración es algo complicado y difícil. Ya en el año 1982 firmé un convenio con Bellas artes y la Diputación Provincial de Valladolid para la restauración de 28 edificios históricos, pero la Casona no se encontraba entre ellos. ¡Qué pena! No era rentable, políticamente hablando...
    Hablé con el alcalde de Boecillo, manifestando que algo había que hacer; pero rápido. Me remitió por el conducto reglamentario “Información relativa al estado de conservación del Colegio de los Escoceses”... (Evasión arraigada en los políticos que no se quieren mojar) A los pocos días me llamó el propietario actual para explicarme el proceso con relación a la Casona, algo que yo conocía ampliamente. Al finalizar su amable aclaración, le hice saber que dejaba pasar el invierno (si la Casona no se caía antes...), pero una vez pasado, volvería a la carga. Y aquí estoy.
    Últimamente, Daniel y yo nos hemos erigido en fieles guardianes de La Casona. No hay día que individuos no entren al edificio para no se sabe qué y nos enfrentamos a ellos. Suben por encima de los tejados, por el patio, por el interior, destrozan por destrozar, no preguntan la razón por la que La Casona hay que respetarla, “No piensan, no tienen tiempo a pensar”. Colocan escaleras por la fachada posterior para acceder por ventanas de la primera planta y escuchan cacofonías... para ver si perciben a Wellington maldecir sus malas intenciones.
    Reconozco que el Covid 19 ha malogrado todo tipo de iniciativas pero, desgraciadamente la Casona no entiende de pandemias y sus muros están enfermos, pero nadie nos va ayudar... La Casona se cae a pedazos por otra clase de virus: el virus de la inanición...
    De todo lo que digan los políticos, pocas iniciativas salen... y esta es una de ellas. Como no seamos nosotros los que no queremos que la historia de La Casona pase como “la muerte del cisne” o nos ponemos manos a la obra o “el punto de no retorno” será inexorable.

    Boecillo, 7 de agosto, 2020

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