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jueves, 11 de marzo de 2010

LA CARTOGRAFÍA DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ¡EN LA RED!

 
Todos aquellos que no han comprado el libro con el CD, publicado por el Ministerio de Defensa, de la cartografía de la G.I. están de enhorabuena. Se acaba de volcar en la Biblioteca Virtual del Patrimonio todos los mapas de esta gran obra:


De todas formas recomiendo la compra del libro ya que es más ágil y rápida la búsqueda de los mapas.

viernes, 5 de marzo de 2010

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA - UN LUGAR EN FACEBOOK PARA INTERCAMBIAR NOTICIAS Y DATOS



He creado en Facebook un grupo para insertar noticias y actos relacionados con la Guerra de la Independencia que no tienen cabida en este blog . 

Desde el principio opté por no publicar anuncios de recreaciones, presentaciones, conferencias, etc. para no sobrecargar de entradas el blog y dificultar la búsqueda de información.

Un grupo en Facebook tiene la ventaja de que todo el mundo, que esté registrado en esta red social, puede publicar al instante noticias, recreaciones, publicaciones de libros, intercambio de coleccionismo, subir fotografías... siendo más apto para crear una comunidad de gente interesada en este acontecimiento histórico.

La dirección  es: 


Os animo a que participéis

lunes, 1 de marzo de 2010

ANTONIO GARCÍA "EL INMORTAL"


Observando la lámina Nº 42 del excelente libro: Guerra de la Independencia. Retratos. Publicado por la Junta de Iconografía Nacional, uno se encuentra con Antonio García al que apodaban "El Inmortal o El Arcabuceado". Su curiosa historia me ha llamado siempre la atención y quiero aquí ampliar un poco más el texto que aparece junto con su lámina.

En el Nº 109 del año IV, el periódico decenal Castropol publica:

Célebre fue, en la guerra de la Independencia, este bizarro soldado; hombre de extraordinario valor; gran patriota; de ánimo esforzado; héroe y mártir á la vez de la causa, conocido con el sobrenombre de El inmortal y arcabuceado. Nació en Santa Eulalia de Presno, en 1791 [En realidad nació en Castañeirua, municipio de Castropol], y con ocasión de formar Asturias, en 1808 los regimientos municipales, ingresó en filas, sin que nos conste hoy por hoy haya pertenecido como recluta del Cuerpo armado de Castropol, según cabe colegir, teniendo en cuenta el Plan orgánico de defensa de la Junta, que dispuso fuese destinados todos los mozos de 16 á 40 años al regimiento que se formase entonces, en las respectivas demarcaciones concejiles y sus contérminos. No vamos á enumerar los muchos hechos de armas y las grandes proezas que realizó en el campo de batalla este valiente, porque nuestro fin es recordar su nombre. Recientemente en una lujosa obra que la Junta de Iconografía nacional publicó, aparece un incompleto extracto de ellos, mereciendo el que su retrato fuese colocado al lado del de otros prestigiosos y beneméritos caudillos de España. Basta saber que su cuerpo sufrió 32 heridas de balazos y arma blanca; que fue arcabuceado en unión de dos compañeros, salvándole la suerte; que obtuvo honores y premios de sus Jefes; que peleó cuerpo á cuerpo contra 17 enemigos para recuperar una bandera española y, en fin, que alcanzó tal popularidad hasta el extremo de que el Supremo Congreso Nacional de Cádiz lo llamara en 1813 con el objeto de darle las gracias públicamente en solemne sesión y concederle el grado de Alférez con uso perpetuo de uniforme de Húsar de Castilla, á la vez que la pensión mensual de 123 pesetas, en realidad recompensa bien escasa. Tanto la Gaceta de la Regencia, como los periódicos El Conciso y Redactor general de Cádiz, hablaron en 1813 ampliamente con elogio de este hombre heroico; publicándose, también, en su obsequio, un folleto de 12 páginas en 4°, impreso en Méjico, juntamente con buen número de artículos en revistas debidos á conocidos militares, entre otros, D. Arturo Cotarelo y D. Francisco de Borja C. Secades. Transcribamos, por curiosidad, el discurso que pronunció el Sr. Presidente en el Congreso de Cádiz, al tiempo de acercarse nuestro coterráneo á la barandilla de estrados: «Señor: El individuo que tiene el honor de presentarse en este día ante V. M., es el benemérito Sargento Antonio García, cuyos extraordinarios y particulares servicios V. M. ha tenido á bien premiar el día 12 del presente mes con la singular distinción de determinar que tan acreedor agraciado tenga la satisfacción de presentarse en el Congreso á recibir inmediatamente de V. M. y á presencia de todo el pueblo, un premio tan gloriosamente merecido. Esta sabia determinación será el testimonio más convincente para la Nación entera del interés que V. M. toma en la suerte de los ciudadanos que se han hecho dignos de la consideración de la Patria, igualmente que el aliciente más poderoso para hacer de cada español un héroe. Y vos, hijo benemérito de la Patria, si habéis tenido valor y constancia para ser útil á la causa de vuestros ciudadanos y para tomar tanta parte en su glorioso éxito, sin que os hubiesen arredrado tantos y tan repetidos riesgos para volver de nuevo á presentaros en vuestras banderas y nuevamente volar al combate y á la lid; ahora seréis recompensado con el premio más apreciable que pueden adquirir hombres de honor y de probidad, el amor de sus conciudadanos y la estimación pública; premios que todos los Monarcas no pueden conceder á ningún mortal. Todos vuestros conciudadanos representados por este augusto Congreso os felicitan del modo más solemne que lo pueden hacer y reconocen el mérito justamente debido á vuestras virtudes. Ya que vuestra salud no os permite continuar en la penosa carrera en que habéis conseguido tanta gloria, en el seno de vuestra familia y en el país de vuestra cuna, continuad desplegando nuevos sentimientos de otra especie y refiriendo á vuestros conocidos y vecinos la historia verdadera de vuestros sucesos; contribuid con el vivo ejemplo á entusiasmar más y más el calor patriótico de vuestros paisanos los asturianos. Expresadles, si os es posible, la dulce emoción que en este momento disfruta vuestra alma al contemplar que todo el pueblo se está congratulando de vuestras satisfacciones; decidles que nada puede igualar á este efecto encantador de la virtud; finalmente, asegurad á los jóvenes, que estos premios son inagotables y que los obtendrán cuantos imiten vuestras heroicas acciones. Acercaos, ahora, á recibir las credenciales de la recompensa, que la Patria os ha señalado.» Aplausos y vivas á España y al héroe, se siguieron en el salón, tributados con más vehemencia al finalizar su discurso de gracias el célebre García. Con numeroso séquito salió del Congreso, precedido de la música de Guardias españolas, para dirigirse á la Embajada inglesa, donde fue recibido con las vivas muestras de admiración y simpatía, ofreciéndosele uniforme y sable. También tomó parte en nuestras luchas civiles éste benemérito patriota, logrando, sino la misma suerte del Empecinado, al menos el que fuera atado á su jaula. Después emigró á Portugal, para presentarse otra vez en las filas constitucionales durante la guerra de los siete años, en cuyo tiempo perdió su honrosísima hoja de servicios con ocasión de sorprenderle el no menos famoso cura Merino. Estuvo casado con Dña. María Victoria González Valdés; residió algún tiempo en Oviedo y al fin murió olvidado y pobre en la Coruña, en el Hospital. 

Y el 21 de julio de 1897, en el Nuevo Mundo, Francisco Barado escribe:

El día 16 de febrero de 1813 la ciudad de Cádiz, residencia a la sazón de las Cortes españolas, presenció un espectáculo que llenó de júbilo a los buenos patriotas y dio medida de la abnegación con que los hijos de España sabían defender su independencia.
Muy cerca del mediodía una comitiva formada por la música de guardias españolas, algunos militares y numeroso pueblo, dirigíase al edificio en que se reunían las Cortes. En el centro de esta comitiva y entre aquellos militares, iba un joven como de veintidós años, de rostro expresivo y enérgico y marcial apostara, que no se avenía mal con la modestia que, por decirlo así, deba el sello a su persona. Vestía uniforme de soldado de húsares no muy flamante, y el que de cerca le contemplase hubiera podido observar impresas en su cuello las huellas de profundas estocadas. Pero si estas denunciaban al valiente, los vítores y aclamaciones del pueblo que le seguía, bien a las claras daban a conocer que aquel soldado llegó con su valor hasta el heroísmo.

Con efecto a el iba a otorgar la nación en aquellos momentos la más alta y la más gloriosa de las recompensas.

Llegó la comitiva a las puertas del edificio del Congreso, engrosada por casi todos los vecinos de Cádiz y flanqueada la puerta al soldado, derramase aquella por las galerías y pasillos ganosa de presenciar el espectáculo, espectáculo bien sencillo por cierto, más no por eso menos importante y conmovedor. Ocupados escaños y galerías, invadidos pasillos y antesalas cuando el bizarro soldado cruzó el espacio que le separaba de la barandilla del Congreso, un murmullo de admiración y entusiasmo llenó los ámbitos.
Su aire modesto, el natural encogimiento del campesino y la dificultad con que se movía a causa de una herida, no del todo cerrada, contribuían a captarle las simpatías de cuantos le contemplaban.

Levántese entonces el presidente, y después de leer el decreto de las Cortes que motivaba el acto, y por virtud del cual se iba a recompensar al joven militar con la cruz de San Fernando, dijo estas palabras:
 Señor: el individuo que tiene el honor de presentarse ante V.M. es el benemérito sargento Antonio García, cuyos extraordinarios y particulares servicios V.M. ha tenido a bien premiar…Esta sabia determinación será el testimonio más convincente para la nación entera del interés que V.M. toma en la suerte de sus conciudadanos, que se han hecho dignos de la consideración de la patria, igualmente que el aliciente más poderos para hacer de cada español un héroe.
 Y dirigiéndose al sargento García:
 Y vos, hijo benemérito de la patria, si habéis tenido valor y constancia para ser útil a la causa de vuestro conciudadanos y para tomar tanta parte en su glorioso éxito, sin que os hubiesen arredrado tantos y tan repetidos riesgos para volver de nuevo a presentaros en vuestras banderas y nuevamente volar al combate y a la lid; ahora seréis recompensado con el premio más apreciable que pueden adquirir hombres de honor y probidad, el amor de sus conciudadanos y la estimación pública, premios que todos los monarcas del mundo no pueden conceder a ningún mortal. Todos vuestro conciudadanos representados por este augusto Congreso, os felicitan del modo más solemne que lo pueden hacer y reconocen el mérito justamente debido a vuestras virtudes… Acercaos ahora a recibir las credenciales de la recompensa que la patria os ha señalado…
[Esta recompensa consistió en la concesión del uso perpetuo de uniforme con el grado de alférez, la pensión de 500 reales, mensuales y que, una vez justificado el hecho de haber recobrado una bandera española de los enemigos, se le diera la cruz de San Fernando]

Un aplauso unánime y prolongado ahogó la voz del presidente. Gritos de ¡Viva la Patria! ¡Vivan sus héroes! Llenaron el espacio.
 García se acercó a la mesa y sólo acertó a pronunciar estas frases:
 -Señor: yo estoy sumamente reconocido a los beneficios que S.M. me ha dispensado… (turbóse un poco y continuó). No deseo más que restablecerme de mis heridas, para volver a derramar hasta la última gota de mi sangre.
 Saludó y retiróse entre los aplausos y aclamaciones de todos los presentes.
 El acto oficial no pudo ser más sencillo solemne. El pueblo lo completó acompañando de nuevo al héroe, dando en su honor una función teatral y haciéndole objeto durante su estancia en Cádiz de los mayores agasajos (Desde las Cortes se dirigió García, acompañado de un alabardero y seguido de la música y pueblo, al Palacio de la regencia, donde presentó sus credenciales, luego subió a la Embajada inglesa, invitado por el representante de esta nación y recibió de sus manos un sable u un uniforme. El periódico gaditano de donde tomamos estas noticias, añade que el citado Embajador quiso honrar a García sentándole en su mesa y pone por nota En esta se cree que no ha habido plato alguna de berenjena). Más como es cosa corriente en nuestra patria, ni aquellos honores ni esta momentánea popularidad tuvieron para el héroe grandes alcances.
 La historia militar de Antonio García puede compendiarse en breves líneas, pero pocas sin duda, como aquellas tan aprovechadas y gloriosas: Treinta y dos heridas, y de ellas nueve valazos pues las restantes fueron de arma blanca, acreditaron los merecimientos del húsar de Castilla. En los campos de Navia, en Balmaceda, en Oviedo, Ciudad Rodrigo, Alba de Tormes, Llerena… y en otras y otras batallas y combates midió sus armas en lo más caliente de la refriega. Pero Llerena quedó prisionero y, lo que es más triste, fue condenado a ser pasado por las armas.
 Ya estaba formado el pelotón que debía arcabucear e él y a tres infelices camaradas, cuando un jefe francés le propuso la vida, la libertad, a cambio de alistarse en las banderas del rey José. ¡Nunca! ¡Jamás! Exclamaron a una los españoles.
 Y aunque la oferta se repitió fue idéntica la respuesta.
 Se cumplió la orden y una descarga confundió en sangriento grupo a las víctimas.
 Cuatro balazos recibió García, y como a sus compañeros, dióle por muerto el enemigo. Empero la vida no le había abandonado. Treinta y seis horas después fue descubierto por un pastor, auxiliado por éste, y curado tan felizmente, que muy poco después en Castillejos y Frenegal de la Sierra sellaba de nuevo con sangre su lealtad, recibiendo un balazo y dos estocadas, en Albuela, algo más tarde, otra estocada y en Murviedro un balazo y una cuchillada. Todo ello le valió la condecoración de sargento primero vivo de caballería ligera.
 Narrar sus actos de heroísmo sería cosa interminable. En Frenegal de la Sierra tuvo una doble suerte, coger al jefe francés que le había mandado fusilar y condenarle a la pena del Talión, y apoderarse de una bandera española que el enemigo había tomado, metiéndose entre diecisiete soldados enemigos.
 ¡Que hombre y que tiempos! El general Ballesteros le dio entonces una charretera de honor que el infeliz agraciado tuvo que vender para curarse de tres heridas. Así se luchaba por la patria. Y hablando de todos estros sacrificios solía decir García: He jurado derramar mi sangre por la nación y … si me mandan, serviré todavía otro par de años, o lo que Dios quiera. Lo que desgraciadamente ocurría, es que la patria ensalzada en constantes hechos, no podía atender a todos sus hijos. Y no fue esto lo más triste. Como tras la guerra de la Independencia, fue germinando la civil, García fue arrastrado por ésta, combatió a las órdenes del Empecinado, emigró a Portugal, volvió a luchar durante los siete años y… después de tantas proezas… murió pobre y olvidado en el hospital de la Coruña. De poco le sirvió su historia, su heroísmo y el alto honor que le dispensaron las Cortes españolas.

No es malo recordar estos contrastes, hoy que la prensa ha dedicado alguna atención a la muerte del héroe de Cascorro. Como Antonio García, el arcabuceado o el inmortal, según se le llamó en su tiempo.

EL CONCISO 01/02/1813


jueves, 18 de febrero de 2010

ESTO SÓLO PASA EN ESPAÑA

Hace unos días la Junta de Andalucía informaba sobre los trabajos de recuperación y conservación del reducto Lacy y hoy se publica lo siguiente:

El tranvía soterrará finalmente parte de la histórica batería de Alburquerque

18.02.10 - 00:55 -

martes, 16 de febrero de 2010

EXCAVACIÓN EN EL REDUCTO DE LACY - SAN FERNANDO (CÁDIZ)

Noticia extraída de: ANDALUCIAINFORMACION.ES

El temporal deja al descubierto restos de un fuerte inglés en la misma playa

06/02 · 13:37 · Antonio Atienza/Información
  • Se trata del llamado Reducto de Lacy, levantado por los ingleses durante la Guerra de la Independencia
  • Fueron hallados de forma casual por el subdirector del Museo Histórico Municipal, Antonio Sáez
Aspecto de la fortificación como fue hallada por el subdirector del Museo
  Aspecto de la fortificación como fue hallada por el subdirector del Museo · Autor: Antonio Sáez Espligares
El temporal de viento y lluvia del mes de enero ha permitido localizar de forma casual los restos de una antigua estructura que corresponden a uno de los reductos defensivos construidos durante el asalto napoleónico a la Bahía de Cádiz de principios del siglo XIX. Se trata del llamado Reducto de Lacy, levantado por los ingleses durante la Guerra de la Independencia para reforzar la línea defensiva del Caño de Sancti Petri.

El agua y la arena han vuelto a tapar estos restos, que fueron hallados de forma casual en la Playa de Camposoto, en San Fernando, por el subdirector del Museo Histórico Municipal isleño, quien conocía de su existencia por antiguos planos y documentos. Tras comunicar el hallazgo a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, desde el servicio de Arqueología de Cádiz se decidió efectuar una visita de inspección conjunta entre técnicos del Museo Municipal de San Fernando y del Centro de Arqueología Subacuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (CAS).

Se trata de un hallazgo “muy interesante”, según ha dicho la delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, que permite documentar y sobre todo “localizar el lugar exacto” donde se encuentra una construcción que jugó “un importante papel en nuestra Historia”. Así, la delegada ha adelantado que la Consejería de Cultura ha adoptado medidas de cara a la preservación de los restos. Como primera acción en este sentido se ha procedido a su inclusión en el Sistema de Información del Patrimonio Histórico de Andalucía (SIPHA), lo cual permite proteger los restos ante los posibles riesgos derivados de obras en la zona y otro tipo de actuaciones

Los trabajos realizados en el lugar han consistido en un reconocimiento arqueológico de los restos, procediéndose a la medición, caracterización y posicionamiento de los mismos mediante GPS. Los elementos localizados se corresponden a la huella dejada por la fortificación sobre el fango del sustrato de la playa, pudiendo reconocerse parte del foso defensivo, del que se ha conservado por tramos la escarpa y la contraescarpa, la base del casetón cuadrangular interior, y algunas estacas de madera utilizadas para reforzar las estructuras.

El resto de la edificación se ha perdido a consecuencia del retroceso que la costa ha experimentado en esta zona durante los últimos 200 años y de la poca consistencia de los materiales empleados en este tipo de construcciones (tierra, arcilla, materiales vegetales de refuerzo, etcétera).

Por su localización, el hallazgo parece corresponder a los restos de la fortificación construida por los ingleses durante la Guerra de la Independencia para reforzar la línea defensiva del Caño de Sancti Petri conformada por las baterías de Aspiróz, Urrutia y San Genís. Gracias a la documentación recogida en el Atlas de las fortificaciones de la Isla de San Fernando, elaborado por el ingeniero militar Carlos Vargas Machuca en 1813, se conoce tanto la planta de esta estructura defensiva como su nombre: Reducto inglés de Sancti Petri o Reducto de Lacy

Según estos planos históricos, la estructura tenía una fuerza artillera de 16 cañones. Del reducto de Lacy se dice literalmente: “Los ingleses, con el objeto de asegurar la defensa del Campo de Sancti Petri, punto tan importante, apoyaron la gola (línea recta, imaginaria cuando no tiene parapeto, que une los extremos de los dos flancos en una obra defensiva) de su obras con este reducto al mismo tiempo que las precavían de cualquier intento del enemigo por la cosa del Sur, se halla artillada con 16 piezas de grueso calibre”.

El reducto fue defendido por parte de las tropas inglesas destacadas en Cádiz para ayudar a los españoles en su lucha contra el enemigo francés.

Por su parte, la delegada de Museo del Ayuntamiento de San Fernando, María José Suárez, ha apuntado que estos restos aparecidos “vienen a enriquecer el patrimonio histórico de nuestra ciudad vinculado a la Guerra de la Independencia que está en proceso de recuperación y puesta en valor”.

“Desde el Museo estamos muy satisfechos por el hallazgo de estos restos y, desde el primer momento, los técnicos municipales están trabajando de forma coordinada con el personal de la Junta de Andalucía para la recuperación y conservación de estos restos”.

La noticia y comentarios de lectores en:  http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=108095&i=98&f=0

domingo, 7 de febrero de 2010

RELACIÓN DEL COMBATE DE TRAFALGAR DIRIGIDO AL MINISTRO DE LA MARINA FRANCÉS

RELACIÓN DEL COMBATE DE TRAFALGAR DIRIGIDO AL MINISTRO DE MARINA Y PRESENTADO AL CONSEJO DE ESTADO EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 1809



Para saber más sobre la batalla de Trafalgar podeís consultar mi página: www.batalladetrafalgar.com

lunes, 1 de febrero de 2010

EL ASEDIO A CÁDIZ (FEBRERO 1810 - AGOSTO 1812)

 

 
CÁDIZ DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y EN LA ACTUALIDAD

PANORÁMICA DE CÁDIZ DESDE LA TORRE TAVIRA

El 4 de febrero de 1810 llega el mariscal francés Victor a las puertas de Cádiz; viene pisando los talones a las tropas españolas del duque de Alburquerque que, tras una penosa marcha a contrarreloj, logra entrar en la plaza antes que los soldados napoleónicos, consiguiendo reforzar la guarnición de Cádiz con sus hombres. 

Exmo. Señor:
Acabo de recibir oficio del duque de Alburquerque, escrito ayer en las Cabezas [de San Juan], avisando que viene con sus tropas a replegarse sobre esta plaza. Dos edecanes suyos aseguran que llegará mañana al Puerto y yo le despacho expreso para que, forzando la marcha, avance hasta la Isla, lo que pongo en consideración con V.E. para su noticia, y que se deba dar las disposiciones convenientes al recibir sus tropas.
31 de enero de 1810
Francisco Venegas a don Francisco Xavier Castaños
ES.28079.Archivo Histórico Nacional/1.1.34//ESTADO,84,A

El mariscal francés realiza un reconocimiento de la zona e intenta vencer la defensa existente en el puente de Zuazo, único paso transitable hacia la Isla de León, pero es rechazado por las tropas que defienden la línea defensiva.

 
PUENTE DE ZUAZO

A partir de este instante y hasta el 25 de agosto de 1812 Cádiz sufrirá un asedio muy diferente a los efectuados a otras ciudades españolas durante la presente guerra. La peculiar situación de la población gaditana hace muy difícil su ataque, obligando a los franceses a bombardear la ciudad desde una posición alejada, limitando el efecto de los disparos. También al tener una puerta abierta hacia el mar se mitigan los efectos del asedio, siendo la población abastecida y recibiendo refuerzos por esta vía.

ES.28079.AHN/5.1.145.4.1.1.17.18//DIVERSOS-COLECCIONES,108,N.36

Se puede decir que es la ciudad más importante de España al instalarse en ella la Regencia, recientemente creada al ser suprimida la Junta Central Suprema,  y ser la base desde donde se intenta centralizar la defensa nacional ante el invasor francés. Entre sus muros se aloja la alta burguesía y aristocracia que han venido huyendo de los imperiales formándose una sociedad variopinta, al mezclarse con los gaditanos, que asentará las bases del liberalismo en busca de un modelo de gobierno moderno, lejos de las ataduras del absolutismo. La libertad de prensa permitirá la aparición de varios periódicos que ayudan, junto a las tertulias, a facilitar el diálogo y dar voz a todas las opiniones. Lástima que en el futuro, con el retorno al trono de Fernando VII, el rey felón, todos estos avances serán eliminados volviendo al oscurantismo anterior.



Cádiz 21 de agosto [1812]
Mi querido sobrino Andrés. He recibido tu última, en la que me dices que desearías salir a comandante [del regimiento de caballería Calatrava], sin embargo de que conoces no tienes los méritos necesarios y solo por ser del nacimiento que eres o por tu clase; cualesquiera que te oiga creerá que hace mucho tiempo no has estado aquí o que no has estado nunca, y aun que ignoras el orden que se observa aun antes de esta época, es decir en los dos años últimos que mandaba el Príncipe de la Paz, pues no se ascendía sino por los escalones que era regular, pero prescindamos de esta época; como quieres que Perico [Infantado] fuese a perjudicar a otro que hubiese con más merito que tu, ya por tiempo, ya por grado, ya por servicios efectivos y reales, cuando todos los días no hacen ya las Cortes, ya los periodistas otra cosa que gritar contra la arbitrariedad y antiguas costumbres, privilegios y distinciones, principalmente en la clase [nobleza], que a la verdad ha dado muy pocas pruebas, por servicios personales, hacia la causa justa que se defiende, pues los pocos que había en estado de continuar, se han retirado, cuando más debían servir y seguir con constancia, como lo hacen los señores de Inglaterra, ricos y con muchas conveniencias, sirven todos; que gloria no sería ahora para los de la clase entrar en Madrid con sus cuerpos, y no que los verán de paisanos y acaso los escupirán y harán muy bien por que han abandonado la causa, aquella gente que ha estado siempre dando el ejemplo de constancia y patriotismo a pesar de los reveses que han tenido y que tantas veces le ha burlado la fortuna, hasta que ya por fin la han alcanzado y han logrado su libertad…..
Los del Trocadero tirotean aun a Cádiz. Queda tuyo siempre tu tío que más te quiere
Estanislao Arteaga

CARTA DE DON ESTANISLAO ARTEAGA A SU SOBRINO ANDRÉS ARTEAGA (CONDE DE CORRES, POSTERIORMENTE MARQUES DE VALMEDIANO Y ABUELO DEL QUE SERÍA XVI DUQUE DEL INFANTADO) EN ELLA EL TÍO CONTESTA A UNA PETICIÓN DE ASCENSO EN EL REGIMIENTO DE CABALLERÍA CALATRAVA SOLO POR SER DE CLASE NOBLE. SE PUECE COMPRENDER MUY BIEN AL LEERLA COMO HABÍA CAMBIADO LA MENTALIDAD RESPECTO A LAS CLASES.

Cádiz durante este periodo es regularmente bombardeada, pero la vida en la ciudad no se ve muy alterada con la caída de los proyectiles; solo en los últimos meses del sitio los franceses provocan una notable alarma a la población, al sufrir varios edificios y zonas muy frecuentadas los efectos de los disparos. Uno de los momentos más críticos será en marzo de 1812 cuando los franceses utilizan un nuevo modelo de obús con mayor alcance ideado por Villantroy y traído desde Sevilla. El 12 de marzo empiezan los bombardeos con dos unidades de este tipo de obús, pero enseguida se comprueba que la fuerza es insuficiente para causar daños significativos a Cádiz. Entre el 13 y 31 de marzo se contabilizan 515 granadas tiradas contra Cádiz, de esta cantidad el Conciso publica:

Tan segura es la puntería y el alcance de los tales obusones, que de las 515 tiradas á Cádiz, han quedado la friolera de unas 475 en la bahía, donde ni un rasguño se sabe que hayan hecho a nadie, como no sea á algún besugo, ó dorada. La lista de las desgracias ocurridas con las 40 que habrán llegado á Cádiz, solo dexa de ser tan cómica como la vez pasada, por la única desgraciada casualidad de que un caballero oficial que se hallaba en su cama, quando cayó una de ellas, recibió un golpe que le rompió una pierna; pero aunque con pérdida de esta, ya no peligra su vida pues lo demás se reduce á unos quantos vidrios rotos, algunos cascotes arrancados, y una gallina muerta, dos contusas, y tres dispersas por la ventana del gallinero de la casa del Sr. marques del Pedroso, donde cayó otra dé las 40. Cotéjese esta verdadera relación con las ruinas y mortandad que los Soult, los Sotelos y demás canalla gabacha y agabachada han anunciado en sus papeles y conversaciones.

El 12 de octubre de 1812 el mismo periódico publica un informe detallado de las bombas caídas en Cádiz durante el asedio:




Don Antonio Alcalá Galiano dejará escrito en sus memorias como se vivían dentro de la ciudad los bombardeos:

Entre tanto, la mansión en Cádiz era sobre manera agradable. Abundaba la gente, y aunque esto producía alguna estrechez en las casas, daba vida y alegría a las calles y paseos, donde había de continuo una lucida y numerosa concurrencia. Abierto, hacia fines de 1811, el teatro, que había estado cerrado desde principio del sitio, rebosaba en gente todas las noches. La abundancia de los víveres había producido tal comodidad en los precios, que bien podía llamarse baratura, naciendo esta ventaja de estar libre el mar, y hallarse abolidos los derechos sobre introducción de comestibles, por lo cual acudían a surtir de todo a la crecida población de aquella isla, bloqueada por tierra, así de los lugares vecinos situados a la orilla del mar, como de los más apartados. Residía allí el Gobierno, y con él muchos personajes de importancia en la parte literaria, así como en otras; y estar abiertas las Cortes, donde todos los días se examinaban y resolvían graves materias, daba pábulo a ejercitarse la curiosidad y el entendimiento, ya en escritos, ya en conversaciones. Las noticias de los ejércitos, si por lo común eran de reveses, eran alguna vez de felicidades, y abultadas éstas, abrían campo a dulces esperanzas. Verdad era que desde diciembre de 1810 habían empezado a caer dentro del recinto de Cádiz granadas o bombas disparadas por las baterías enemigas; porque si bien la ciudad estaba fuera de tiro, aun de mortero, del punto menos distante entre cuantos ocupaban en la costa opuesta los franceses, estos, con un invento nuevo, habían construido piezas, entre morteros y obuses, que alcanzaban más que lo que hasta entonces había sido conocido. Pero estos disparos, hasta 1812, habían sido hechos muy de tarde en tarde, y cada vez en corto número; los proyectiles, para ser arrojados a tanta distancia, habían sido aumentados en peso, y viniendo rellenos de plomo y con muy poca pólvora, no reventaban, y por esto causaban poco estrago y no mucho susto, y la consecuencia de todo ello fue hacerse de las bombas enemigas tan poco caso, que sólo servían para dar motivo a burlas. Así, se cantó en el teatro, y se repetía por las calles con una tonada vulgarmente de moda:

Con las bombas que tiran los fanfarrones,
se hacen las gaditanas tirabuzones;

porque tirabuzones eran llamados, por tener forma de tales, los rizos que entonces gastaban las mujeres, para formar los cuales se sujetaba el pelo con pedazos muy pequeños de plomo. Otras coplas semejantes eran aplaudidas. En el teatro, un actor llamado Navarro solía componerlas de repente, tomando con frecuencia por argumento las bombas, y era de ver con qué palmadas eran recibidas tales sandeces, siendo, por otro lado, acreedores a alguna consideración así los compositores de tan malos versos como sus aprobantes, porque unos y otros declaraban cuán alegremente resuelta a resistir al enemigo seguía la nación española, compendiada, y también representada, en la población de Cádiz.

 El teatro de Cádiz estaba a la sazón bastante expuesto a las bombas en días en que ya era costumbre en los enemigos dispararlas, en cada veinticuatro horas, cinco o seis veces. Cabalmente, la hora de la representación vino a ser la en que, guardando el acostumbrado período, debían los franceses hacer fuego. No fue, pues, muy numerosa la concurrencia, aunque tan poco, por demás, escasa. En actores y espectadores reinaba un loco entusiasmo. Los primeros, celosos parciales de las reformas a cuyos contrarios ridiculizaba la piececilla, se esforzaban por realzarle el mérito, haciendo con empeño sus papeles. Los segundos, casi todos de las mismas ideas, contándose entre ellos no pocos amigos del poeta, se reían hasta desternillarse, y se desgajaban dando palmadas. En medio de esto, oyóse el conocido estampido de los obuses de la opuesta enemiga costa. Al principio no fue grande el terror; pero quiso la casualidad que una granada viniese a atravesar por encima del teatro, próxima ya a caer, y que pasase casi raspando con su techo, hasta dar en una casa separada del edificio, y aun del tablado, por una calle de poca anchura. El ruido del proyectil en el aire sonó tremendo en el teatro; sobrecogiéronse actores y oyentes; paró por algunos instantes la representación, y huyeron hacia lugar más seguro no pocos de los concurrentes, entre los cuales había señoras. Pero otros nos quedamos, gritando frenéticos: «¡que siga, que siga!», acción no de valor, porque ya había pasado el peligro, no siendo de creer que viniese al mismo punto otro proyectil en el corto número de disparos que de una vez se hacían, pero acción rara, porque la imaginación suele, atendiendo a un peligro que acaba de pasar, dedicarse a considerarlo con exclusión de otro objeto alguno. Lo cierto es que la representación siguió con poca concurrencia, pero ésta más loca que antes, incitando, sin duda, a aumentar en fuerza y número los aplausos, el singular incidente que acababa de ocurrir. Sostúvose después esta comedia en el público concepto, así oída en el teatro, como leída, habiendo sido en breve impresa. Pero aunque de allí a pocos días fue construido un nuevo y pobre teatro fuera del alcance de las bombas, y en él se repitió la composición Lo que puede un empleo, que es el título de la tal pieza, la representación no tuvo el efecto que la primera.
….
En esto fue levantado el sitio de Cádiz. Fue alegre aquel día como pocos. Apresurábanse las gentes a embarcarse en botes para ir a visitar el abandonado campamento francés, en las cercanías de Puerto Real y del Caño del Trocadero. Había ansia de pisar la tierra del continente, de respirar el aire del campo, allí en verdad poco ameno. Fui yo junto con los oficiales de secretaría, pues, no obstante cierto desvío, se me trataba como a empleado diplomático; esto es, de un modo muy superior al que se usaba aún con los oficiales del archivo. Registramos, con las numerosas turbas, la a modo de población hecha por los enemigos para tener acampadas sus tropas; obra primorosa, pero hecha a costa del lindo pueblecito de Puerto Real, convertido en ruinas. También excitaban la curiosidad las baterías donde estaban los obuses, cuyos efectos habíamos estado por largo tiempo sintiendo. Al volver también por mar a Cádiz, todos los botes traían en el tope de sus palos algún manojo de hierba, como señal de que ya se había disfrutado de un recreo completo, negado a los habitantes de la isla gaditana por más de treinta meses consecutivos.

Otra seguidilla que se cantaba era:

De las veinte granadas
que Soult envía
se quedan diez y nueve
en la bahía.
Y la que llega,
rompe vidrios y espanta
perros y viejas.

La derrota sufrida por el ejército francés al mando de Marmont, en tierras salmantinas, provoca el desalojo de Madrid por parte del rey Jose I y la evacuación de Andalucía de los ejércitos de Soult, para proceder a un reagrupamiento de los ejércitos imperiales y plantar cara a Wellington. El 25 de agosto de 1812 los franceses levantan los campamentos frente a Cádiz y terminan con el asedio. Los partes telegráficos, que diariamente se publican, dejan reflejados los movimientos del enemigo en estos días:

Día 23
Desde las doce de ayer hasta las de hoy
Los mismos trabajos en la línea enemiga. A las 5 ¾ de la tarde y a las 8 de la mañana, arrojaron los enemigos granadas a esta plaza, habiendo hecho igualmente fuego a diferentes horas con dirección a la Puerta de Tierra contestando nuestras baterías de tierra, fuerzas sutiles y bombarderas inglesas. Han pasado del puerto a Puerta Real 4 carretas con paja, 3 carros cubiertos y uno de pertrechos. De Puerto Real a Chiclana un carro cubierto, y otro con víveres escoltado por 14 infantes, a la inversa 5 carretas con muebles caseros, 5 id. Con efectos y 20 acémilas mayores con sacos; y del Trocadero a Chiclana un carro de municiones. Han estado haciendo el ejercicio en el campo de Guía del Puerto unos 500 infantes.

Día 24
Desde las 12 de ayer hasta las de hoy
Continúan los ingleses los trabajos en el reducto del cerro de los Mártires, estoy y los portugueses en el foso de Torre Gorda, y en el reducto inmediato: los prisioneros en construir una nueva batería a la orilla del caño del río Arillo que sale al mar del Sur, inmediata a la playa: y los enemigos en la batería del molino de Guerra, en la segunda avanzada del arrecife, y en el castillo de Chiclana.= la batería de la Cabezuela, y la del ángulo han arrojado granadas a esta plaza a las 3 ¾ de la tarde del día de ayer, y a las 9 y 20 minutos de la mañana de hoy; contestándoles nuestras baterías de tierra, fuerzas sutiles y bombarderas inglesas.= Fort-Luis también ha hecho fuego a Puntales, el que contestó.= Han pasado del Puerto a Puerto Real unos 200 infantes con sus equipajes; un general con su acompañamiento y 2 carros de municiones: a la inversa 2 id. Y uno cubierto. De Sanlúcar al Puerto unas 100 acémilas mayores y menores con sacos escoltados por 40 dragones y unos 50 infantes: de Puerto Real a Chiclana 200 id. Sin armas ni equipajes, muchos de ellos el parecer españoles; y al contrario 96 infantes y 4 carretas con efectos. – En el campo de Guía del Puerto han estado haciendo ejercicio de fuego unos 500 infantes, y en el campo de la Algaida del Trocadero han estado formados 500.

Día 25
De las 12 de ayer a las de hoy
Los enemigos han abandonado su línea, habiéndola ocupado nuestras tropas que se hallan en Puerto Real y el Trocadero.= En el castillo de Santa Catalina no ha quedado pieza alguna montada de resultas de haberle puesto fuego a las cureñas, repuestos y salchichones: también se han volado varios repuestos de sus baterías y la casa fuerte de la batería del Angulo.= Se retira una fuerte columna enemiga de infantería y caballería desde el Puerto a Xerez.= El místico 33 ha pasado a S. Lucar; a Rota el místico Terrible, y una división de la avanzada al mando del cap. de fra. D. Marcos Cruceta: estos han llegado a su destino estableciendo gobiernos provisionales. Del Puerto de Sta. María ha tomado posesión, con una división de la avanzada el brigadier D. Francisco Mourell; y del Caño del Trocadero el jefe de escuadra D. Juan José Martínez, comandante general de las fuerzas sutiles con varios buques de su mando.

Día 26
De las 12 de ayer a las de hoy
A las 9 ¾ de esta mañana se ha volado un repuesto de un reducto inmediato a la Cartuja de Xerez. Han entrado en el Puerto de Sta. María unos 200 infantes españoles.= Nuestros botes han conducido y conducen efectos desde Puerto Real a la Carraca. La batería inmediata al molino de Santa cruz ha estado ardiendo esta mañana. Siguen nuestras tropas componiendo los caminos y cortaduras de los arrecifes de Chiclana y Puerto Real.

Un tal Manolo escribiría en el Conciso un soneto como despedida a Soult:

Tanta fatiga, Soult, tanto sudar,
tanto estrépito horrible de cañón,
tanta cureña, obús y morterón,
tanta muerte, y estrago amenazar.
Tanto bullir, y tanto amontonar
bala, granada, bomba, y salchichón.
Tanta amenaza en tono fanfarrón,
tanto bajar, subir, parlamentar…
¿Tal trápala, y bullicio en que paró?
la gran ciudad de Alcides lo dirá
pues publicar tu gloria es su deber.
La luna treinta vueltas completó,
y al cabo, sin decirnos donde va....
Nuestro gran Mariscal echó á correr.


 UN OBÚS VILLANTROY DE LOS USADOS POR LOS FRANCESES EN EL ASEDIO DE CÁDIZ. SE ENCUENTRA EN LONDRES EN EL HORSE GUARDS PARADE. EN LA BASE FIGURA UNA PLACA CON LA SIGUIENTE INSCRIPCIÓN:
"Para conmemorar el levantamiento del asedio de Cádiz, debido a la gloriosa victoria ganada por el Duque de Wellington sobre los franceses cerca de Salamanca el 22 de julio de 1812, este mortero, cuya potencia no es sobrepasada por ningún otro, abandonado por los sitiadores fue presentado como símbolo de respeto y gratitud por la nación española a Su Alteza Real el Príncipe Regente" 
fotografía cortesia de José Montes http://wellington1810.blogspot.com/




ORATORIO DE SAN FELIPE NERI, SEDE QUE ALBERGÓ A LAS CORTES

REVERSO DE CARTA ESCRITA EN 1811 EN CÁDIZ

NÚMERO EXTRAORDINARIO DE LA GACETA DE LONDRES CON EL ANUNCIO DEL LEVANTAMIENTO DEL SITIO DE CÁDIZ

 
BOTONES DE LOS VOLUNTARIOS DISTINGUIDOS Y MILICIA URBANA DE CÁDIZ. DEFENSORES DE LA CIUDAD.  ARTILLEROS DEFENSORES DE PUNTALES

ANEXO I : http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2010/05/el-asedio-cadiz-febrero-1810-agosto.html