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viernes, 17 de abril de 2009

BATALLA DE OCAÑA - 19 DE NOVIEMBRE DE 1809




VISTA AEREA DEL CAMPO DE BATALLA

VISTA AEREA CENTRO-DERECHA ESPAÑOLA
VISTA DEL CAMINO DE NOBLEJAS. EN ESTA POSICIÓN SE ENCONTRABAN LAS DIVISIONES DE CASTEJÓN Y JACOME

LA VILLA DE OCAÑA VISTA DESDE LA POSICIÓN DE LA DIVISIÓN DE GIRON

OCAÑA DESDE LA POSICIÓN DERECHA DE VIGODET

AL FONDO SE DISTINGUE LA TORRE DE SAN MARTÍN (LA IGLESIA FUE DERRIBADA), LUGAR DONDE SE ESTABLECIÓ AREIZAGA.

VISTA DE OCAÑA DESDE EL CAMINO DE ONTÍGOLA

FUENTE GRANDE. SE ENCUENTRA EN EL BARRANCO, POR ENCIMA DE LA EDIFICACIÓN SE ESTABLECIÓ LA RESERVA DEL REY JOSE I.


VISTA 360º DEL CAMPO DE BATALLA DESDE LA POSICIÓN DE LA DIVISIÓN DE LACY. LA CABALLERÍA FRANCESA EMPEZÓ A BARRER LA DERECHA ESPAÑOLA DESDE ESTE PARAJE


LA BATALLA

Tras la derrota de Almonacid y la posterior retirada hacia Andalucía, la Junta Central planea volver a intentar acosar la capital de España, reuniendo un gran ejército que pone al mando de Areizaga. Empezó Don Juan Carlos de Areizaga á moverse el 3 de noviembre. Su ejército estaba bien pertrechado, y tiempos hacia que los campos españoles no habían visto otro ni tan lucido ni tan numeroso. Distribuíase la infantería en siete divisiones estando al frente de la caballería el muy entendido general Don Manuel Freire. Caminaba el ejército repartido en dos grandes trozos, uno por Manzanares y otro por Valdepeñas. Precedía á todos Freire con 2000 caballos; seguíale la vanguardia que regía Don José Zayas, y á la que apoyaba con su 1ª división Don Luis Lacy. Los generales franceses París y Milhaud eran los mas avanzados, y al aproximarse los españoles se retiraron, el primero del lado de Toledo, el segundo por el camino real á la Guardia.
Media legua más allá de este pueblo, en donde el camino corre por una cañada profunda, situáronse el 8 de noviembre los caballos franceses en la cuesta llamada del Madero, y aguardaron á los nuestros en el paso más estrecho. Freire diestramente destacó dos regimientos al mando de don Vicente Osorio que cayesen sobre los enemigos alojados en Dos-Barrios, al mismo tiempo que él, con lo restante de la columna, atacaba por el frente. Treparon nuestros soldados por la cuesta con intrepidez, repelieron á los franceses y los persiguieron hasta Dos-Barrios. Unidos aquí Osorio y Freire continuaron el alcance hasta Ocaña, en donde los contuvo el fuego de cañón del enemigo. Mientras tanto Areizaga sentó el 9 su cuartel general en Tembleque, y aproximó a donde estaba Freire la vanguardia de Zayas compuesta de 6.000 hombres casi todos granaderos, y la 1ª división de Lacy: providencia necesaria por haberse agregado á la caballería de Milhaud la división polaca del 4° cuerpo francés. Volvió Freire á avanzar el 10 á Ocaña, delante de cuya villa estaban formados 2000 caballos enemigos, y detrás á la misma salida la división nombrada con sus cañones. Empezaron á jugar estos y á su fuego contestó la artillería volante española arrojando los jinetes á los del enemigo contra la villa, que abrigados de su infantería reprimieron á su vez á nuestros soldados. No aun dadas las cuatro de la tarde llegaron Zayas y Lacy, emboscado el último en un olivar cercano, dispúsose á la arremetida, pero Zayas juzgando estar su tropa muy cansada, difirió auxiliar el ataque hasta el día siguiente. Aprovechándose los enemigos de esta desgraciada suspensión, evacuaron á Ocaña, y por la noche se replegaron á Aranjuez.
El 11 de noviembre al fin todo el ejército español se hallaba junto en Ocaña. Resueltos los nuestros á avanzar á Madrid, hubiera convenido proseguir la marcha antes de que los franceses hubiesen agolpado hacia aquella parte fuerzas considerables.
Mas Areizaga, al principio tan arrogante, comenzó entonces á vacilar, y se inclinó á lo peor que fue á hacer movimientos de flanco lentos para aquella ocasión y desgraciados en su resultado. Envió pues la división de Lacy á que cruzase el Tajo del lado de Colmenar de Oreja, yendo la mayor parte á pasar dicho río por Villamanrique, en cuyo sitio se echaron al efecto puentes. El tiempo era de lluvia, y durante tres días sopló un huracán furioso. Corrió una semana entre detenciones y marchas, perdiendo los soldados en los malos caminos y aguas encharcadas casi todo el calzado. Areizaga con los obstáculos cada vez más indeciso acantonó su ejército entre Santa Cruz de la Zarza y el Tajo.
Mientras tanto los franceses fueron arrimando muchas tropas á Aranjuez. El mariscal Soult había ya antes sucedido al mariscal Jourdan en el mando de Mayor General de los ejércitos franceses, y las operaciones adquirieron fuerza y actividad. Sabedor de que los españoles se dirigían á pasar el Tajo por Villamanrique, envió allí el día 14 al mariscal Víctor, quien hallándose entonces solo con su 1er. cuerpo hubiera podido ser arrollado. Detúvose Areizaga y dio tiempo á que los franceses fuesen el 16 reforzados en aquel punto; lo cual visto por el general español, hizo que algunas tropas suyas puestas ya del otro lado del Tajo repasasen el río, y que se alzasen los puentes. Caminó en la noche del 17 hacia Ocaña, á cuya villa no llegó sino en la tarde del 18, y algunas tropas se rezagaron hasta la mañana del 19. La víspera de este día hubo un reencuentro de caballería cerca de Ontígola: los franceses rechazaron á los nuestros, mas perdieron al general Paris muerto á manos del valiente cabo español Vicente Manzano que recibió de la central un escudo de premio. Por nuestra parte también allí fue herido gravemente, y quedó en el campo por muerto, el hermano del duque de Rivas: don Ángel de Saavedra, no menos ilustre entonces por las armas que lo ha sido después por las letras. Areizaga, que moviéndose primero por el flanco dio lugar al avance y reunión de una parte de las tropas francesas, retrocediendo ahora á Ocaña, y andando como lanzadera, permitió que se reconcentrasen ó diesen la mano todas ellas. Difícil era idear movimientos mas desatentados.
Fue juntáronse pues del lado de Otígola y en Aranjuez los cuerpos 4° y 5° del mando de Sebastiani y Mortier, la reserva bajo el general Dessolles y la guardia de José, ascendiendo por lo menos el número de gente á 28.000 infantes y 6.000 caballos. De manera que Areizaga que antes tropezaba con menos de 20.000, ahora á causa de sus detenciones, marchas y contramarchas, tenia que habérselas con 34.000 por el frente, sin contar con los 14.000 del cuerpo de Víctor colocados hacia su flanco derecho, pues juntos todos pasaban de 48.000 combatientes; fuerza casi igual á la suya en número, y superior en práctica y disciplina.
Don Juan Carlos de Areizaga escogió para presentar batalla la villa de Ocaña, considerable y asentada en terreno llano y elevado á la entrada de la mesa que lleva su nombre. Las divisiones españolas se situaron en derredor de la población. Apostóse él á la izquierda del lado de la agria hondonada donde corre el camino real que va á Aranjuez. En el ala opuesta se situó la vanguardia de Zayas con dirección á Ontígola, y más á su derecha la primera división de Lacy, permaneciendo á espaldas casi toda la caballería. Hubo también tropas dentro de Ocaña. El general en jefe no dio ni orden ni colocación fija á la mayor parte de sus divisiones. Encaramóse en un campanario de la villa, desde donde contentándose con atalayar y descubrir el campo continuó aturdido sin tomar disposición alguna acertada. El 4° cuerpo del mando de Sebastiani, sostenido por Mortier, empeñó la pelea con nuestra derecha. Zayas apoyado en la división de Don Pedro Agustín Giron y el general Lacy batallaron vivamente, haciendo maravillas nuestra artillería. El último sobre todo avanzó contra el general Leval herido, y empuñando en una mano para alentar á los suyos la bandera del regimiento de Burgos, todo lo atropelló y cogió una batería que estaba al frente. Costó sangre tan intrépida acometida, y entre todos fue allí gravemente herido el marqués de Villacampo oficial distinguido y ayudante de Lacy. Si hubiera sido apoyado entonces este general, los franceses rotos de aquel lado no alcanzarían fácilmente el triunfo; pero Lacy solo sin que le siguiera caballería ni tampoco le auxiliara el general Zayas, á quien puso según parece en grande embarazo Areizaga dándole primero orden de atacar y luego contra orden, tuvo en breve que cejar, y todo se volvió confusión. El general Girard entró en la villa, cuya plaza ardió; Dessoles y José avanzaron contra la izquierda española, que se retiró precipitadamente, y ya por los llanos de la Mancha no se divisaban sino pelotones de gente marchando á la ventura, ó huyendo azorados del enemigo. Areizaga bajó de su campanario, no tomó providencia para reunir las reliquias de su ejército, ni señaló punto de retirada. Continuó su camino á Daimiel, de donde serenamente dio un parte al gobierno el 20, en el que estuvo lejos de pintar la catástrofe sucedida. Ésta fue de las más lamentables. Contáronse por lo menos 13.000 prisioneros, de 4 á 5.000 muertos ó heridos, fueron abandonados más de 40 cañones, carros, víveres y municiones: una desolación. Los franceses apenas perdieron 2.000 hombres. Solo quedaron de los nuestros en pie algunos batallones, la división segunda del mando de Vigodet, y parte de la caballería á las órdenes de Freire. En dos meses no pudieron volver á reunirse á las raíces de Sierra-Morena 25.000 hombres.

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España
Escrito por José María Queipo de Llano Ruiz de Saravia Toreno
Publicado por Librería Europea de Baudry, 1838

TESTIMONIOS

Dos Barrios 19 de noviembre de 1809
ORDEN GENERAL DEL EJERCITO FRANCÉS
S.M. se apresura a dar a conocer al ejército que las tropas imperiales del cuarto y quinto cuerpo, con la caballería de su dotación, y la tercera división de dragones, la guardia real de S.M. el REY de España, y algunas tropas españolas al servicio de S.M. han alcanzado en Ocaña una victoria señalada.
El ejército de la Mancha, que había recibido numerosos refuerzos del de Extremadura, con los cuales ascendía a 55000 hombres, ha sido destruido: todos sus bagajes, toda su artillería, y 30 banderas han caído en nuestro poder; los cañones tomados hasta ahora son 50. El número de prisioneros, entre los cuales se cuentan tres generales, seis coroneles y 700 oficiales de todas graduaciones, asciende ya a 25000; la tierra está sembrada de cadáveres, 40000 fusiles han quedado sobre el campo de batalla.
A cada instante llegan más prisioneros, y se cree que su número subirá a 300.
Parece positivo que no queda al ejército enemigo un solo batallón en estado de combatir.
El primer cuerpo del ejército, que no tenía enemigos delante, ha pasado el Tajo por Villamanrique. Su vanguardia ha hecho 1000 prisioneros, y cogido una gran cantidad de equipajes.= El mariscal del Imperio, mayor general = Firmado, duque de Dalmacia.= Por ampliación, el general de división, ayudante mayor general, Daultanne.


INFORMACIÓN PUBLICADA EN LA GACETA DE MADRID
Aranjuez 19 de noviembre
El ejército de Andalucía, después de reforzado por el de Extremadura, se había aventurado a tomar posición en Ocaña, y aun llegaron a lisonjearse sus jefes y la junta de Sevilla que podía tomar la ofensiva, pasando el Tajo más arriba de Aranjuez.
El REY dejándolos por algunos días en esta confianza, preparó la reunión de varios cuerpos del ejército con tal rapidez y oportunidad, que hoy al amanecer logró encontrar, en la posición de Ocaña, a todo el citado ejército reunido y compuesto de unos 60000 hombres.
La acción principió por un fuerte cañoneo; pero decidido muy luego el ataque de la derecha de los enemigos, y dirigido en todas partes con la mayor maestría, la victoria de las armas de S.M. ha sido completa, y su resultado el de coger mas de 15000 prisioneros, casi toda la artillería y los equipajes.
El alcance se seguía todavía esta noche, y según opinan los mismos prisioneros, apenas se libertará otra tropa que parte de la caballería.
A pesar de tan glorioso y brillante resultado, el corazón del REY solo podría considerarlo completo si produjeses la tranquilidad de la España y le dejase trabajar para su felicidad.
Madrid 21 de noviembre
Ayer a las cinco y media de la tarde, esto es, a las 48 horas de su salida, entró el REY en esta capital, después de haber destruido completamente un ejército de 60000 hombres. S.M. podría decir como Cesar: veni, vidi, vici.

TESTIMONIO DE UN COMISIONARIO DE LA JUNTA CENTRAL
Señor :
Con cuanto dolor me veo en la precisión de manifestar a V.M. la desgraciada suerte que en este día ha experimentado este ejército. Entre 7 y 8 de esta mañana empezó el fuego por las guerrillas de una y otra parte, hasta las diez que se formalizó el ataque, a cuya hora me presenté, y observando una y otra línea que la del enemigo estaba situada de la parte de allá de Ocaña por la derecha e izquierda del pueblo y la nuestra de la parte de acá del mismo, la que por buen rato sostuvo un fuego sumamente vivo, pero como a las dos horas de esto se empezó a experimentar, particularmente por el centro, una corta dispersión a este tiempo, los enemigos hicieron un movimiento sobre nuestra derecha que amenazaba envolverle. Con este motivo se aumentó la dispersión en términos de no poderla contener. Los enemigos se aprovechan de la ocasión, nuestra caballería está tímida y consiguen romper la línea y envolver nuestra derecha y últimamente estos S.S. de la Junta de la Carolina que me acompañaban, se vieron arrollados como yo por nuestra caballería. La pérdida de nuestras tropas la conceptuó de bastante consideración, igualmente de la artillería. El general en jefe y algunos de División en los últimos momentos les vi muy apurados, no se que habrá sido de su suerte, y por consiguiente y por si este da la desgracia de que no pueda tomar las providencias oportunas para los puntos de Sierra Morena que serán donde podamos conseguir la reunión. Oficio con esta fecha al general de aquel cantón: el Conde de San Agustín de Toro Hermoso, para que sin perder momento, valiéndose de las Juntas de Jaén y Córdoba, proporcione no solo poner a cubierto dichos puntos, sino que en ellos contenga y reúna los dispersos de este ejército.
Villa Cañas 19 de noviembre de 1809
Juan de Dios Gutiérrez Ravé

DESPACHO DE ZAYAS
Excelentísimo Sr. :
En cumplimiento de la orden que por el conducto del mayor general de infantería recibí de V.E. para que detalladamente participase las ocurrencias de la división a mi mando en la acción del 19 del pasado sobre Ocaña, con expresión de los muertos, heridos y prisioneros y acciones distinguidas que puedan haber hecho algunos individuos y por el contrario digo: Que al amanecer del dicho día mande al teniente coronel D. Josef Villalobos, comandante de las partidas de guerrilla de caballería, se adelantase hasta dar con los enemigos, y para sostenerle recibió orden el teniente coronel D. Antonio Ramón, comandante del cuerpo volante de infantería, siguiendo a ambos muy de cerca el todo de la vanguardia, que debía obrar en unión con la 2ª y 3ª división al mando del brigadier D. Gaspar Bigodet y del mariscal de campo D. Pedro Agustín Girón, el cual por su mayor antigüedad y disposición de V.E. ejercía el mando. Ocaña, que se halla situada en una llanura inmensa llamada la Meseta, está cortada por el frente, que da vista al camino de Aranjuez, por un profundo barranco que se extiende por su derecha casi hasta los Olivares de Noblejas y Villarubia, la izquierda es una ceja o continuación de la misma meseta que se adelanta a tiro de cañón, hasta morir en el camino Real que limita y encajona, inutilizándolo para las marchas en guerra cuando el enemigo está cerca. Del mismo pueblo sale un camino de carretas, llamado el de Ontigola o camino viejo de Aranjuez, dificultosísimo para la subida de la artillería pero que se convierte después en una gran llanura a igual nivel de la meseta. Es pues por ese camino que dirigí mi marcha y el que debían seguir las otras divisiones. Aun bien no habían llegado a lo alto todos los cuerpos de la división, cuando Villalobos me anunció la proximidad de los franceses en gran número. Continué adelantando por si conseguía detenerlos, pero no tardé en recibir segundo parte en que me expresaba venían sobre el galope sin que le hubiesen dado lugar a reconocer su fuerza total. Al momento mandé desplegar por batallones en masa y viendo que el fuego de las guerrillas estaba ya sobre mí hice mis disposiciones para recibir la caballería, previniendo de este movimiento y novedad a Giron. En esta situación se presentó V.E. y tuve el gusto de manifestarle: que las tropas que tenía el honor de mandar, estaban llenas de confianza y deseaban se las emplease con la distinción a que su valor tantas veces acreditado en esta guerra le daba derecho; V.E. dispuso entonces retrocediese y viniese a ocupar la primer posición que había tenido, apoyando mi derecha al pueblo y extendiéndome casi paralelo al camino Real a Dos Barrios; esta operación se efectuó con orden y prontitud, dejando cubierto, con las compañías de cazadores de los cuerpos, el frente del pueblo y avenidas de Aranjuez y Ontigola; mientras que el cuerpo volante y guerrillas de caballería continuaban batiéndose con el mayor denuedo. En esta situación permanecieron condenados a no hacer nada los valientes de la vanguardia, hasta que a las diez y media se presento el coronel del Real Cuerpo de Artillería D. Manuel de Llanos con la voz de V.E. para que atacase, sin determinar el punto ni objeto; en consecuencia marché por la más corta distancia sin que el vivo fuego de artillería que dirigían a las tropas alterase su firmeza ni desmintiese el concepto de bizarro con que el ejército los decoraba. Sobre la marcha recibí segunda orden de V.E. comunicada por D. N. Revenga para que retrogradase a sostener la 2ª División, mande media vuelta a la izquierda y marchar en retirada hasta ocupar mi antigua posición, desde la cual comisioné al teniente coronel del Real Cuerpo de ingenieros D. Blas Manuel Teruel para que informase a V.E. de quedar cumplidas sus órdenes y suplicarle tuviese a bien comunicarme las que creyese convenientes al ejército en la jornada, advirtiéndole que el fuego se hallaba ya en los olivares del término de Dos Barrios; al regreso Teruel me dijo que V.E. aprobaba mis movimientos y que en lo sucesivo obrase como mejor conviniese a las circunstancias. No satisfecho aun supliqué al capitán del Fernando 7º D. Manuel Alcalá, oficial adicto al Estado Mayor de V.E., volviese a decirle que mi división estaba pronta y con la mejor voluntad de batirse, que los momentos eran críticos y exigían órdenes precisas y terminantes, mayormente cuando todas las divisiones y aun la caballería de la derecha se hallaba en completa y plena retirada. Alcalá no volvía, no por otro conducto me llegaban las instrucciones de V.E.; mientras tanto el enemigo avanzaba por su frente y establecía sus baterías que dirigía con acierto sobre mis masas, por la izquierda su caballería empezaba a dejarse ver, y el pueblo ya se hallaba ocupado por algunas tropas ligeras, de suerte que todo dictaba la necesidad de variar de posición o emprender la retirada, para lo cual di mis disposiciones situando la artillería ventajosamente, con objeto de contener la marcha rápida con que el enemigo se adelantaba y aminorar sus fuegos; lo que se consiguió por el acierto y bizarría con que se efectuaban dichas ordenes. Mi izquierda estaba apoyada y sostenida por la caballería de vanguardia, al mando del brigadier D. Josef de Rivas, la infantería se movía majestuosamente, y cada veinte o treinta pasos se detenía para hacer frente a los enemigos. Por la derecha casi nada debía temer. Osorio, con los cuerpos de dragones de Granada, Granaderos de Fernando 7º, Lusitania y Farnesio, me cubría; no obstante viendo que el enemigo formaba ya algunos caballos a la inmediación de la ermita de San Sebastián, comisioné a mi ayudante de campo D. Juan Laera, capitán de dragones de la Reina, para que previniese a Osorio los cargase con la mayor firmeza, este jefe no se hallaba a mis órdenes, y no creyó deber dar cumplimiento a ellas, igual prevención hice hacer al sargento mayor de dragones de Lusitania D. Santiago Vigal el que a pesar de la mejor voluntad me manifestó no tener sino de sesenta a setenta caballos, por cuya razón y para asegurar mas y mas la marcha de mi división y la de las tropas de la 1ª, 3ª y 4ª que entraban en el Olivar, mandé a Rivas destacase los escuadrones del regimiento Cazadores Imperiales que el mismo Laera fue a situar. El batallón de Voluntarios de Valencia se dispersó en guerrillas ocupando el frente del olivar que hacía impenetrable; todas las precauciones de seguridades fueron tomadas, y todos mis ayudantes me anunciaban que mis órdenes eran efectuadas con precisión, por cuya razón y para proteger mas eficazmente mi artillería que quería situar a la cabeza de las columnas, reduje éstas a dos que marchaban paralelamente y a distancia proporcionada para poder maniobrar en caso necesario. Mi ayudante general D. Domingo Martínez, encargado de la colocación de las tropas ligeras, me dio parte que Valencia se hallaba perfectamente situado, y el capitán de dicho cuerpo D. Antonio Ordóñez que el batallón de Voluntarios de Plasencia le servía de reserva. Hasta aquí todo presagiaba el más feliz éxito, y yo felicitaba a los jefes de los cuerpos por la firmeza, unión y buen orden con que sus tropas continuaban la marcha a pesar del fuego de 16 piezas de artillería con que trataban de alterarla. Los regimientos más bisoños: Voluntarios de España, que por primera vez oían el fuego, despreciaban las granadas que repetidas veces vi caer en medio de sus filas. En las columnas de granaderos se oía a los oficiales, cuando las balas llevaban alguno hilera, estrechar las distancias. La caballería, en columna por escuadrones, continuaba marchando y conservaba la colocación que se le había dado. Ya me hallaba a corta distancia de Dos Barrios, cuando las voces alto repetidas confusamente, y la marcha apresurada de los cuerpos dispersos que buscaban su apoyo en la unión y orden de la División, me anunciaron la proximidad de la caballería enemiga. Mis flancos se hallaron al momento embarazados por la confusión y desorden de los regimientos que marchaban en tropel. La caballería que había dejado a la derecha en quien fundaba mi seguridad, ya no existía, y en dispersión atravesaba por medio de la infantería. Vuelvo atrás para llamar a mi caballería y hallo en el claro de mis columnas parte del regimiento de Farnesio, con su coronel a la cabeza a quien di orden positiva de cargar a los enemigos que ya se habían prolongado por mi derecha y desbordaban mi frente. El regimiento de Pavía, que siempre y en todas las ocurrencias de la vanguardia había conservado un nombre distinguido, se hallaba mezclado con Farnesio y en medio de la infantería, sin embargo recibió orden para atacar y lo hubiera efectuado sin duda con bizarría, si hubiera podido conservar su formación, pero sin esta los esfuerzos de los oficiales son nulos y la fuerza desaparece. Los valientes escuadrones 1º y 2º de Húsares de Extremadura eran demasiado reducidos para con empeño oponerse a las fuerzas considerables que ya nos amenazaban, así en un momento desapareció toda la caballería y la infantería quedó reducida a sus propios recursos. Nada hubiera importado si los antecedentes que he manifestado no me hubiesen imposibilitado el maniobrar, pues al soldado en medio de tal conflicto no le había abandonado su valor, gritando a todo momento: mi general mate V. al que no efectúe sus órdenes; sostenido de la intrepidez de mis oficiales aun veía esperanzas, y para realizarlas comisioné a mi ayudante el capitán de dragones de Almansa D. Ramón Sentmanat a que se avistase con el mariscal de campo D. Manuel Freyre y le suplicase detuviese el número de caballos que pudiese, con cuya operación aun podríamos salvarnos. Freyre desgraciadamente no podía ofrecerme sino su intrépido y personal valor, siendo los esfuerzos que hacían los jefes de los cuerpos para formarlos y oponer sus bayonetas a los enemigos, infructuosos, porque el flujo y confusión con que los dispersos se habían introducido y mezclado en nuestras filas inutilizaban sus disposiciones, pereciendo en este modo inútilmente para la causa de la Patria, una división compuesta de hombres dignos de mejor suerte. Tengo la satisfacción de anunciar a V.E. que los talentos y celo de mí 2º el Exmo. Sr. Conde de Castroterreño me acompañaron por todas partes y sirvieron en la mejor utilidad, y que todos los jefes, oficiales y tropas han cumplido consigo propio y manifestado los más vehementes deseos de sobresalir. Los oficiales de mi estado mayor han servido con utilidad y no han perdonado riesgo para satisfacer a sus deberes y dar cumplimiento a mis órdenes. Dios guarde a V.E. muchos años.

Sta. Cruz de Mudela 4 de diciembre de 1809
Josef Zayas

Al Exmo. Sr. D. Juan Carlos de Areyzaga
ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL, ESTADO 43 A
Sección de Guerra. Correspondencia con Generales y Mariscales de Campo.


Vistas del campo de batalla:
http://www.batalladetrafalgar.com/2016/07/vistas-del-campo-de-batalla-de-ocana.html

2 comentarios:

  1. La verdad es que nos dieron "p'al pelo"... ¡gran trabajo!
    Un saludo
    Rafa

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  2. La verdad que fue un desastre, lo peor es el comportamiento de Areizaga durante el transcurso de la batalla. Hay una anécdota que Ramón Solís cuenta en su libro sobre la Guerra de la Independencia. Parece ser que cuando el general español se instala en la torre y divisa el campo de batalla comenta a sus ayudantes:

    -¿Quiénes son aquellos que asoman por allí?
    - Mi general, son los franceses del cuerpo de ejército del mariscal Victor.
    - ¡Buena se va a armar! Contesta el general, sin tomar decisión alguna.
    - ¿Y aquellos que vienen por allí?
    - Son los del cuerpo de ejército del mariscal Jourdan.
    - ¡Buena se va armar! repetía el general.
    Cuando la batalla está perdida y mientras desciende de la torre, les dice a sus ayudantes:
    - ¡Ya lo decía yo! ¿No les decía a ustedes que se iba a armar una buena?

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