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jueves, 3 de diciembre de 2015

LA GUERRERA QUE DAOÍZ PORTABA EL 2 DE MAYO


EL CONFIDENCIAL
9/11/2015
Autor: David Brunat Terraza
http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-11-09/asi-se-recupera-el-uniforme-de-un-heroe_1089095/
Un equipo de restauradores analiza la guerrera de Luis Daoíz y revela las heridas que causaron la muerte del héroe del 2 de mayo de 1808

Para que las esencias de un héroe regresen a este mundo 200 años después de muerto, lo primero es hidratarlo. No a él, por supuesto, sino al objeto que ha preservado su ADN todo este tiempo: su uniforme de batalla. Limpiar e hidratar con vapor de agua fría fue el primer paso para documentar las últimas horas del capitán Luis Daoíz, héroe del 2 de mayo de 1808. Sabíamos que fue asesinado por las tropas francesas a golpe de bayoneta, pero desconocíamos qué heridas provocaron su muerte. Su guerrera, expuesta en el Museo del Ejército en Toledo, arroja luz sobre uno de los personajes más épicos de nuestra historia.
“Fue una pieza muy complicada de intervenir. No solo por su carga histórica sino porque el personaje murió con ella puesta. Tuvimos que parar en muchos momentos para que entrasen los estudios de ADN, la dirección técnica del museo, los historiadores, con el fin de no borrar ninguna huella de la historia”, rememora Mercedes Amézaga, restauradora jefe del uniforme de Daoíz. El uniforme estaba roído por las ratas y en proceso de descomposición, pero hubo un factor de gran ayuda a la hora de determinar que correspondía, efectivamente, al capitán de artillería: la pieza estaba inundada de sangre.
El uniforme nos muestra que Luis Daoíz murió desangrado y de forma lenta. Tuvo que pasar unas últimas horas terribles
Al ir recuperando la forma y la textura, la guerrera reveló los puntos exactos donde penetraron las bayonetas francesas, hasta desvelar finalmente tres pinchazos mortales: dos a la altura del corazón y otro más en el espacio intercostal derecho. “Muchas veces son las piezas las que te dan toda la documentación. En los bolsillos puedes encontrar papeles, documentos, y esos te llevan a investigar. Por eso es bueno que varias disciplinas trabajen juntas”, apunta Amézaga. “En este caso, el uniforme nos muestra que Daoíz murió desangrado y de forma lenta. Tuvo que pasar unas últimas horas terribles”, asevera.

Encerrado en una urna

Los relatos de la época nos muestran al capitán Daoíz trasladado con urgencia a casa de unos paisanos tras ser triturado a bayonetazos por los soldados del ejército de Napoleón. Es su castigo por haber liderado el alzamiento popular contra la invasión francesa. Morirá a las pocas horas, y sus restos serán depositados en la iglesia de San Martín. Daoíz es enterrado con su uniforme junto al otro héroe del 2 de mayo, el capitán Pedro Velarde, este no obstante envuelto en una lona. Cuando la iglesia se derrumba en 1811, los huesos de Daoíz y Velarde son reubicados con todos los honores en la Colegiata de San Isidro en Madrid. Pero en este caso se le extrae el uniforme y se guarda en una urna, depositada en el Museo de Artillería. En esa urna, que cambia de ubicación en un par de ocasiones, permanece oculta la guerrera de Daoíz hasta el año 2014, cuando es redescubierta de manera casual. La sorpresa inicial da pie a los trabajos de investigación que concluyeron el pasado verano.
Luis Daoíz.
Luis Daoíz
“La importancia histórica del uniforme es enorme, porque al fin y al cabo es el héroe del 2 de mayo. Además, no existe ningún uniforme de oficial de artillería de esa época, es el primer ejemplar del que disponemos”, indica el general Juan Bosco Valentín-Gamazo, director del Museo del Ejército. Mientras el general cuenta los entresijos del tesoro más reciente de la historiografía española, en los talleres de restauración, los técnicos trabajan en un amasijo de tela azul marino muy prometedor. Se trata del calzón que, supuestamente, completaba el uniforme con el que murió Daoíz. De confirmarse la pertenencia, una de las imágenes más populares del personaje, la que lo viste elegantemente con guerrera azul marino y pantalón blanco, se iría al garete. “Tendríamos que pintar de azul los calzones en todos los cuadros”, bromea el general Valentín-Gamazo.
“Por eso es tan importante invertir en restauración. Si no conocemos nuestro pasado, no vamos a conocer nuestro presente. Restaurar nos ayuda a comprender muchísimas cosas, aparte de recuperar el valor estético e histórico de las piezas”, considera Luis Miguel Muñoz, quien participó en la recuperación del uniforme de Daoíz como especialista en metales. Suyo es el mérito de desvelar que los 40 botones de la guerrera eran lisos, una petición ex profeso del capitán, puesto que los botones y elementos metálicos de las guerreras de artillería de la época solían estar grabadas en relieve. “Hemos restaurado piezas muy interesantes, pero esta es especial por el personaje. Te metes muchísimo, vas viendo todo lo que sufrió, los bayonetazos, que siguió luchando, y luego por supuesto todos los hechos que después acontecieron. La historia de España cambió por dos hombres, Daoíz y Velarde. Por eso es una pieza muy bonita”, abunda Amézaga.

La historia de España se recupera en precario

Detalle del uniforme de Daoíz.
Detalle del uniforme de Daoíz.

La recuperación del uniforme de Daoíz es una muestra del potencial de nuestros restauradores y de los ‘milagros’ históricos que se pueden conseguir cuando fluye la financiación, en este caso de la Fundación Museo del Ejército. Sin embargo, la profesión ha sufrido una tremenda sacudida en los años de crisis. Si antes eran varias decenas las empresas que se repartían los trabajos de restauración, ahora sobreviven apenas 10 y con muchos apuros. No solo en Europa, sino en países teóricamente menos desarrollados como Panamá invierten porcentajes mucho mayores que España en conservación de patrimonio.
“En España disponemos de grandes restauradores, estamos diría entre los mejores del mundo y tenemos un perfil mucho más polifacético que en otros países. Nuestro problema es básicamente económico. El 90% de los encargos proviene de estamentos públicos, y estos redujeron sus presupuestos debido a la crisis. Aparte de que no tenemos un colegio regulado que vele por nuestros intereses”, explica Muñoz. Con esa carga de precariedad a sus espaldas, decenas de técnicos se enfrentan cada día al reto de devolver al presente los secretos mejor guardados de nuestro pasado.

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