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martes, 15 de diciembre de 2009

CABEZÓN DE PISUERGA - 12 DE JUNIO DE 1808





Historia política y militar de la Guerra de la Independencia de España
José Muñoz Maldonado

Valladolid, la capital de Castilla, se hallaba levantada en masa contra los franceses, aunque su situación era la más funesta. Un ejército francés en Burgos, con la entrada franca para recibir refuerzos, otro dueño de Madrid y de Guadarrama, y otro en Almeida, amenazaban invadir por todas partes las llanuras de Castilla, donde no había mas tropas que una parte del regimiento de la Reina, sin un cartucho y sin un fusil, hallándose sin comunicación con las demás provincias, y sin esperanza de socorro alguno extranjero, que la localidad de Castilla no permitía pedir ni lograr.

El Capitán general de los Reales ejércitos don Gregorio García de la Cuesta, anciano respetable que, después de haber sido Gobernador del Consejo de Castilla, fue arrancado de esta suprema magistratura en 1801 y confinado á un penoso destierro por la perversidad de Godoy, en cuyo estado permaneció siete años, mandaba entonces en Valladolid. En vano los franceses para atraerle á su partido le concedieron la alta distinción de Virrey de Méjico. Cuesta rehusó con firmeza unos honores que emanaban de un poder ilegítimo. El pueblo clamaba fuertemente por armas y municiones, que no había, y ansiaba por salir á buscar á los enemigos. Al mismo tiempo se formó una Junta Suprema de gobierno, y se enviaron á pedir municiones y artillería á Segovia. Esta provincia, que desde los primeros días de Junio había proclamado á Fernando VII y la independencia nacional, fue atacada el día 6 de Junio por una columna, que al mando del General Frere envió Murat para reducirla á la obediencia. Los habitantes de Segovia respondieron á cañonazos á la intimación de rendirse que les hizo Frere; pero después de una corta resistencia entró en la ciudad, apoderándose de parte del gran parque de artillería que había en la misma.

El Comandante de artillería de Segovia, Mariscal de Campo don Miguel Ceballos, por no caer en poder de los franceses huyó con algunos oficiales y soldados, y cuatro piezas de campaña, dirigiéndose á Valladolid para combatir al enemigo bajo las órdenes de Cuesta; pero la noticia de la rendición de Segovia le precedió en su marcha; el pueblo no vio en este desastre mas que una traición, y lejos de recibir con los brazos abiertos este refuerzo que acababa de escapar de las manos del enemigo, sale atropelladamente á las puertas de la ciudad, y apellidando traidor al que venia á combatir por ellos, le hacen cruelmente pedazos, y llevando en triunfo sus miembros palpitantes, piden al Capitán General Cuesta se les entreguen armas y conduzca al combate. En vano Cuesta intentó disuadir á la plebe amotinada, haciéndola ver la necesidad de guardar su valor para mejor ocasión, y la imposibilidad de vencer á unos numerosos y aguerridos enemigos. La .catástrofe de Ceballos le hizo presentir su suerte, y por no ser víctima del furor del pueblo les distribuyó las pocas armas que había, y empezó á organizados por barrios.

Bessieres, viendo que esta insurrección le cortaba la comunicación con Madrid hizo suspender la expedición de Santander, juzgando mas urgente calmar el alzamiento de Valladolid, á donde hizo marchar al General Lasalle con una división de 4.000 hombres, 700caballos y 10 piezas de artillería. El 5 de Junio salió de Burgos Lasalle, y el 6 por la tarde se presentó delante de Torquemada.

http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2009/10/torquemada-6-de-junio-1808.html

El día 7 las tropas del general Lasalle llegaron á Palencia. La noticia del saqueo é incendio de Torquemada habían llenado de terror á sus habitantes. Una diputación presidida por el Obispo vino á presentar al General francés la sumisión de la ciudad, donde entraron las tropas sin la menor resistencia. Después de haber desarmado á todos los habitantes de aquella provincia, Lasalle se dirigió á Dueñas, donde debían reunírsele, para apoyar sus operaciones, las tropas del General Merle, que marchaban contra Santander, y se hallaban detenidas en Reinosa.

Ínterin recibía estos refuerzos escribió Lasalle al General Cuesta, invitándole á deponer las armas, y reconocer la autoridad de los franceses, ofreciendo tratar con clemencia á los habitantes de Valladolid. Las cartas quedaron sin contestación, y el pueblo hubiera despedazado á los conductores, á no haber elegido Lasalle para esta misión á dos eclesiásticos de Palencia.

Cuesta dispuso que el Teniente General don Francisco Eguía, que casualmente se hallaba en Valladolid, saliese con un destacamento de Guardias de Corps, que oportunamente acababa de llegar de vuelta de Bayona, algunos Carabineros procedentes de Burgos, dos escuadrones de caballería de la Reina, las cuatro piezas de artillería que habían llegado de Segovia, y unos 400 paisanos á cubrir el puente de Cabezón, sobre el Pisuerga, para detener el enemigo. Cuesta, que tomó esta medida, como hemos dicho, mas con el objeto de seguir el imperioso impulso del pueblo, que con el de contener á los enemigos, cuyas fuerzas eran respetables, salió á situarse al puente, dos leguas de Valladolid, con los habitantes de esta ciudad, formados por barrios, dejando dispuesto, que en el caso de tener que ceder, como parecía indispensable, á fuerzas tan superiores, las autoridades saliesen á recibir al General Lasalle, para que el vecindario fuese tratado con menos rigor.

El 11 las dos divisiones francesas se reunieron en Dueñas, villa situada á seis leguas de Valladolid, mas abajo de la confluencia del Carrion y el Pisuerga, y marcharon á atacar la posición de Cabezón: Lasalle á embestirla de frente por el camino real, y Merle á situarse sobre Cigales y Fuensaldaña, con el objeto de cortar á los españoles su retirada sobre León.

El día 12 á las diez de la mañana las columnas de Merle atacaron las fuerzas del General Cuesta, situadas sobre el Pisuerga, delante de Cabezón. La caballería de Lasalle avanzó en batalla á la llanura que hay á la izquierda del camino, mientras que la infantería marchaba derecha á apoderarse del puente. Los paisanos sostuvieron con valor la primera carga, é hicieron retroceder al enemigo; pero al cabo de dos horas de un obstinado combate, y después de haber causado á los franceses la pérdida de más de 700 hombres, cedieron á la superioridad de sus fuerzas. No pudieron resistir la carga de la caballería francesa, que se apoderó del puente y de las cuatro piezas de artillería, persiguiendo á los paisanos con tal ardor, que muchos de ellos se arrojaron y ahogaron en el Pisuerga.

El General Cuesta se retiró á Rioseco, pasando por Valladolid, y después á Benavente. Los Generales franceses detuvieron sus tropas á una legua de Valladolid. Bessieres les había encargado no destruyesen esta ciudad. A las cuatro de la tarde el Obispo, los miembros del Ayuntamiento, los Magistrados de la Chancillería salieron al encuentro del vencedor, le ofrecieron su sumisión, y entraron los franceses en la ciudad aquella misma tarde.

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Diario de Valladolid
Hilarión Sancho

El 18 (mayo) tomó posesión de presidente de esta Real Chancillería el Excmo. Sr. General D. Gregorio de la Cuesta, sin más ceremonia que bajar de su habitación a la sala pública, extendidos los subalternos por las escaleras y tránsito. Esta posesión se le dio de orden de Murat, ofreciéndole remitir el título, sin embargo de que el nombramiento le obtuvo del rey Fernando 7.º Desde cuya época a la presente los presidentes de la Chancillería no han sido recibidos a la posesión de otra manera, según se usaba, que era salir en coches los oidores y todas las demás autoridades, y subalternos de los tribunales a recibirle hasta el convento del Carmen Calzado, trayéndole por las calles públicas hasta dejarle en su casa, que es en la que se halla la Real Chancillería. Hasta el 31 de Mayo venían órdenes de buen gobierno de Murat el que pretendía muy particularmente se proclamase por Rey a José Napoleón, en virtud de la renuncia que Fernando VII había hecho de la corona en Napoleón estando en Bayona. El pueblo lleno de cólera y deseoso de vengar las infamias cometidas por Napoleón, se conjuró contra él y con el mayor valor se propuso tomar la venganza hasta lograr su ruina y la libertad de su amado rey Fernando; así es que en el propio día 31 de Mayo se tumultuó el pueblo, precedido el toque de campanas a rebato. Reunido por la tarde en la plaza mayor crecido número de paisanos de todas clases, fueron a casa del general Cuesta a pedirle armas, y les respondió que daría parte al Real Acuerdo para resolver; sin embargo, los paisanos por su propia autoridad comenzaron a recoger fusiles que los franceses habían dejado en San Francisco, Carmen Calzado y Hospital general, y en este aún había franceses enfermos sin que se les hiciese el más leve daño. El día anterior, que estaba el pueblo tranquilo, pasó por Valladolid para Madrid el duque de Frías, y se dijo en el pueblo que convenía ir a su alcance, pues era afrancesado; pero con el alboroto de que hemos hablado, nadie pensó en él.

El Acuerdo de la Chancillería mandó que el pueblo se aquietase, pues se había resuelto hacer un alistamiento, pero siguió alborotado, se pusieron guardas de paisanos a las puertas, y en 1.º de Junio retuvieron 60 carretas y 9 carros de trigo que iban para Madrid. Fueron presas varias personas avecindadas con el dictado de traidoras, por haber sido intérpretes de los franceses. Por la noche llegó orden de Murat para que se supiese que Napoleón enviaría a España un Rey para su felicidad, pero el pueblo más se irritó.

En el día 2 se publicó un bando para la tranquilidad y que cada uno se retirase a su casa, lo cual fue causa de que creciese más el tumulto, y tocaron a rebato, saquearon todas las escopetas de las casas, poniéndose escarapelas, como también muchas mujeres; se levantó la horca para quitar la vida a los traidores. En los principales balcones del consistorio se pusieron: Nuestra Señora del Pilar de la iglesia de Santiago, San José de la de Jesús, y San Pedro Regalado de la del Salvador, el retrato de Fernando VII, y se colocó también el estandarte de la Fé que sacaron de la Inquisición. (Esta casa de la Inquisición, sita al costado izquierdo de la iglesia de San Pedro, fue incendiada por los franceses, y no ha quedado más que las capas de los cimientos). Rápidamente en el mismo día 2 se dispuso la proclamación del rey D. Fernando VII y se pusieron colgaduras por toda la carrera. El regidor D. Pablo Salinas guiaba la procesión, e iba a pie, aunque su caballo era conducido del diestro por un criado. Seguían los guardias de corps a caballo, que se hallaban en Valladolid de vuelta de Bayona o de haber dejado la familia real en la raya de Francia, y fueron los motores de la sublevación del pueblo. Seguían los alguaciles de la ciudad de golilla y escarapelas, los 4 reyes de armas, los caballeros y nobleza, el Ayuntamiento, y en medio el marqués de Revilla, que como alférez mayor llevaba el estandarte de las proclamaciones; todos a caballo. Detrás iba tropa de paisanos, el cuerpo del comercio ricamente vestido con uniforme nuevo, una bandera, música y bombo. En pos de estos iba otra tropa de paisanaje con fusiles y carabinas, y las banderas viejas de los milicianos que estaban en la iglesia de San Miguel. A estos seguía otra tropa de los mismos con solo sables y bayonetas y tambor, en número de mil hombres, gobernados por jefes militares. Y últimamente el escuadrón de caballería de la Reina, que se hallaba en esta ciudad; rematándose la procesión con una carroza y un coche desocupado. La procesión salió del Consistorio y fue por la Platería, Cantarranas, Plazuela Vieja al Real Palacio, Cadenas de San Gregorio a la Plazuela de Chancillería, cuyo balcón principal estaba colgado con los terciopelos de las salas, y un dosel en el cual estaba el general Cuesta y oidores dando muchos vivas, calle de Chancillería, Plazuela Vieja, calle de Esgueva, de Francos, detrás del colegio de Santa Cruz en el que vivía el obispo, Librería, Catedral, Orates y al Consistorio, donde se concluyó la función, colocándose en el balcón el estandarte de la proclamación. En seguida fue corriendo la gente en grandes grupos al convento de Prado, en el que se dijo había fusiles por haber sido hospital de los franceses; se hallaron pocos, pero sí mucha porción de sábanas, camisas y jergones, escondidos por los mismos franceses. En dicho día 2, a las 7 y media de la tarde, se cogieron en las puertas del Carmen Calzado 114 cargas de algodón, que se suponía, eran de franceses; se despacharon comisionados a los pueblos para que viniesen armados; y en Valladolid se armaron como unos 1500.

En el 8 se enviaron comisionados a Cigales y Cabezón, para que en estos dos puntos preparasen víveres, los cuales habían de servir al ejército de defensa.

El 9 caminó el General para Cigales con toda la gente que pudo reunir. En el siguiente pasó a Cabezón y mandó hacer en el puente varios preparativos de guerra. Desde dicho día se fueron reuniendo tropas en Cabezón en número de 5 a 6000 hombres de infantería, pero una gran parte se componía de paisanos mal armados, sin uniforme, ni disciplina, y sin excepción de edad y talla; unos 400 a 500 de caballería de línea; dos cañones de a 4, y otros dos de a 8. En dicho día 9 la justicia de Carboneros trajo preso a D. Miguel de Ceballos, comandante de artillería de Segovia, quien, se dijo, había entregado dicha ciudad a los franceses. El pueblo de Valladolid, encolerizado contra los traidores, le arremetió a cantazos y le mataron en el Campo Grande a estocadas; se le enterró en Santiago sin responso. Aunque venía con su mujer e hijos, estos no recibieron daño alguno.

Día 12 de Junio, de 8 a 9 de la mañana, principió el fuego por las guerrillas de avanzada, y después obró la artillería por una y otra parte. Estando en esta refriega se vieron bajar grandes columnas de tropa por las cuestas de Corcos, que se creyó eran gallegos y asturianos que venían en nuestro refuerzo. Se pusieron en ala y a distancia de pelear; y visto que eran franceses se mantuvo con ellos la acción por tres horas, al cabo de las cuales no hubo otro remedio para nuestro ejército que huir cada uno por donde pudo. Los franceses componían su fuerza de 6000 infantes, 1000 caballos y 11 cañones, mandados por el general Lasalle. Nuestra pérdida, según se dijo, fue de unos 250 hombres, la mayor parte ahogados en el río de Cabezón por quererle vadear o pasar a nado; la de los franceses como unos 800, aunque ni de los unos ni de los otros se ha dicho segura noticia. El general Cuesta, con algunos soldados, se retiró a Rioseco, y después a Benavente. Luego que Valladolid supo su derrota y antes que en él entraran los franceses, los paisanos que estaban de guardia en el cuartel de San Ignacio, mataron a un escribano de sala llamado Juan Ignacio González Prada, que tenían preso en él, con voces de que era traidor, porque dejándole con vida sería el origen del castigo de muchas gentes de la revolución, delatándoles a los franceses, de cuyas infames ideas ya había dado antes muchas pruebas: fue enterrado a toda prisa en San Miguel. En seguida los más alborotados soltaron de las cárceles a más de 200 presos criminales; estos tomaron armas y algunos querían esperar que entrasen los franceses en Valladolid y hacerles fuego desde las calles, pero les aconsejaron que no lo hicieran porque era exponer al pueblo a sufrir muchas desgracias: al fin se marcharon, comenzando a robar desde este mismo pueblo. Los franceses pudieron haber llegado a Valladolid a la una del día y haber atropellado a la gente que venía de Cabezón: la calzada estaba sembrada de armas, carros, caballerías, pan, cebada y otros muchos efectos; y aquellos saquearon dicho pueblo, el de Santovenia, y aún parte del de Cigales y la Overuela. En Valladolid entraron como a las 4 de la tarde, victoriosos y soberbios, y salió a recibirles el señor obispo con otras personas eclesiásticas y seculares, y aunque recibieron orden de sus jefes para no hacer daño, sin embargo robaron los conventos de Santa Catalina, Santa Isabel, San Agustín y San Gabriel, y cortaron las cabezas a varias efigies de vírgenes y santos, y tiraron las formas que encontraron.

Los días 12, 13, 14 y 15 se halló Valladolid en la más triste situación, amagados de la muerte sus habitantes y de un saqueo general, según decían los franceses y españoles afrancesados, pero nada de esto sucedió por mediación de estos últimos, de algunas concubinas de aquellos, y por una contribución que exigieron.



VISTA DEL CAMPO DE BATALLA DESDE LA ORILLA IZQUIERDA


VISTA DE LA ORILLA IZQUIERDA


PANORÁMICA DEL CAMPO DE BATALLA


FOTOGRAFÍA TOMADA DESDE LAS ALTURAS DE CABEZÓN, DEL CAMINO HACIA PALENCIA

MISMA POSICIÓN CON ZOOM, SE DISTINGUE A LA IZQUIERDA LA POBLACIÓN DE DUEÑAS

VISTA DEL CAMINO A VALLADOLID



RELACIÓN DE LOS OBJETOS SUSTRAÍDOS TRAS EL COMBATE DE CABEZÓN POR LOS FRANCESES,  EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA, Y SU RECOMPRA EN VALLADOLID. 
A.G.D.V. Libro de Cuentas parroquia Santa María (Cabezón de Pisuerga), Caja 4, Libro 6 entre 1803 y 1828

3 comentarios:

  1. Magnífico trabajo de campo, como siempre
    ¡Gracias por compartirlo!

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  2. Poco a poco vas montando el puzzle de la Guerra de Independencia.Muy bien explicado todo.
    ¿es que no hay lugar de la peninsula que no fuese "visitado"por los franceses?
    Saludos

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  3. Roberto
    No estoy muy seguro, pero creo que donde menos tiempo estuvieron fue por Galicia.
    Rafa

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